Coahuila
Hace 1 mes
En sus memorias, escritas con carácter autobiográfico, Lucas Alamán, de origen mexicano (nacido en Guanajuato, en la entonces Nueva España), hijo de una acaudalada familia de española, asegura en su documento que existían en Saltillo en 1844 dos fábricas textiles: La Aurora y la Hibernia y que en la mayor parte de la República Mexicana se desconocía la existencia de este tipo de factorías. De acuerdo con su información ese año, La Aurora produjo un millón 845 mil 583 piezas de manta, mientras que La Hibernia producía 9 mil 873.
Existe otro dato importante en cuanto a La Hiberna, en 1858 utilizaba trescientos quintales de algodón, (un quintal equivalía a 100 kilogramos) y producía mil 500 piezas de manta al año. Aunque la empresa era de pocas dimensiones, se convirtió en abastecedora de las haciendas de los latifundios de los Sánchez Navarro, herederos del colonizador Juan Navarro.
Entre 1840 a 1875 hubo 10 importantes fábricas textiles en Coahuila, cuatro de ellas en Saltillo: La Aurora, La Hibernia, La Libertad y El Labrador, una en Arteaga: Bella Unión, La Constancia en Torreón, La Esmeralda en Ramos Arizpe, La Estrella en Parras de la Fuentes, y La Buena Fe, en Monclova.
En la mayoría de los casos, las casas construidas entorno de las fábricas pertenecían a las empresas y eran proporcionadas en muchas ocasiones en forma gratuita, así como baños de regadera comunales a los cuales tenían acceso los obreros y sus familias, los días miércoles y sábados en horario corrido. En las instalaciones de este tipo frente a la fábrica de la Aurora, había hasta servicio sanitario “moderno”, cuando en la mayoría de las viviendas se defecaba a cielo abierto.
La vida social de la gente entorno a las factorías y apreciando los manantiales o corrientes de aguas naturales, se distribuía entre los paseos por la región, los bailes populares en el sindicato y las actividades religiosas enclavadas en el catolicismo fomentado y vinculado a los dueños de la empresa. Aún en nuestros días, La Aurora sigue siendo emblemáticamente católica.
Por ejemplo, Bella Unión, no muy lejos de La Aurora, no era sólo una fábrica, era un pueblo donde había de todo: comercio, iglesias, escuela, teatro, salón sindical, pero además mucha armonía entre la gente, eran muy felices, había mucho trabajo, había que comer y había diversión sana.
La mayoría de las fábricas textiles coahuilenses fueron el dinamo que movió a la industrialización del estado, en el periodo mencionado y el mayor número de ellas se localizaban en la Región Sureste del estado y fueron motor de cada poblado, caso concreto el de La Estrella, de Parras, donde, independientemente de la producción vitivinícola de los Madero, la factoría fue un gran sustento económico para el ahora llamado pueblo mágico. Una gran mayoría de jefes de familia trabajó ahí. Esta fábrica adoptaría la modern
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