Coahuila
Hace 4 semanas
Podría existir un show completo de comedia estilo Brincos Dieras exclusivamente de abogados. El tema da para eso y más, pues los licenciados en Derecho son como los canguros (unas ratotas de altura humana) y a su vez como los plátanos (no encuentras uno derecho); no obstante se diferencian de los vampiros en que estos últimos te chupan la sangre sólo de noche.
Cada profesión y oficio tiene prejuicios populares arraigados, aunque también mañas para obtener mayor dividendo y menos merma en su práctica. Es, hasta cierto punto, natural: los mecánicos engañan a sus clientes con refacciones y reparaciones que no necesitaba el automóvil para aumentar la cuenta (si la treta falla, te secuestran el coche, algo que nadie puede resistir, ya que preferiría incluso mantuviesen cautivo a un familiar). Los albañiles piden dinero por adelantado y huyen sin hacer el trabajo. Los médicos se confabulan con aseguradoras, hospitales o farmacéuticas para recetar procedimientos o medicamentos innecesarios; son unos matasanos. Los carpinteros y herreros tardan excesivamente y quieren cobrar mucho al alargar la espera. Los taxistas, válgame Dios: “hasta allá no llego”, “para allá no voy”, o sencillamente toman la ruta más distante para cobrar de más, en caso de haber taxímetro; si no lo hay, esconden la tarifa hasta el final del viaje para obligar el pago a cualquier costo. Los contadores no declaran todo lo que deben y transan al cliente valiéndose de su desconocimiento fiscal. Los carniceros meten huesos y pellejos para abultar el peso en la báscula. Los choferes de transporte van siempre drogados. Y así cualquier ocupación laboral existente tiene opiniones negativas en su contra. Nadie se salva.
Vóx populi, de los abogados igualmente se dicen muchas cosas. Lo que cambia es su reacción: nadie se ofende tanto como estos debido a la alta estima que tienen de sí mismos, la cual muchas veces no corresponde con la realidad de su labor ni su valor en la comunidad.
La víspera de Semana Santa, por ejemplo, ardió Troya luego de las críticas enderezadas contra una parcialidad de litigantes que se desempeñan en Coahuila, acusándoles en público de picapleitos, básicamente, y de chicaneros.
Lo curioso, eso sí, fue su autoría: palabras del presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado, Miguel Felipe Mery Ayup.
Asoleado por un tema que le ha puesto los reflectores encima: la violencia vicaria (delito que pretende –ridículamente, si me permiten proponer un adjetivo– criminalizar exclusivamente a los hombres dentro de una relación familiar), el Magistrado lanzó una diatriba:
“Faltan a la ética profesional […] la actitud y las acciones de los abogados entorpecen incluso que pueda haber mediación, que las partes puedan llegar a un acuerdo, porque solamente establecen más iralidad [sic], más enojo, más violencia, en vez de encontrar la justicia”.
–¿Gana más un abogado haciendo esto?, fue cuestionado por los medios de comunicación en una entrevista “banquetera”.
“Me parece que con el tiempo ganan económicamente”, afirmó.
–¿O sea lo hacen por dinero?, fue interrogado.
“Por supuesto. Mientras te tengan ahí atorado en un juicio, pues te van a seguir cobrando […] Es una manipulación del sistema; una falta de ética total y absoluta [sic], eso es una falta de respeto y además: ¿esas son las personas que ustedes quieren contratar? ¡Por el amor de Dios!”.
Un paréntesis respecto del caso planteado: si reducimos el espectro de conductas antisociales a un género, lo siguiente será crear tipos penales únicamente para personas trans, terf, queer, no binaries, de género fluido, o lo que esté de moda en el mercado. Quitando con ello la universalidad de la ley; parcializándola por un tema ideológico ajeno a la ciencia.
Ahora sí, volviendo al tema que nos ocupa, en lugar de comerse un Snickers, Mery soltó una granada con efecto expansivo basado en un juicio de valor, no en una estadística judicial.
Los litigantes a quienes dirigió sus dardos constituyen un colectivo particular. Se trata del defensor calcetín blanco/zapato negro que imprime sus documentos en un cibercafé y llega todo sudado a las audiencias con un montón de papeles bajo el brazo. Ajeno al glamur de los despachos repletos de búhos o Themis en los libreros como escenografía que revela un detalle: ahí en realidad poco trabajo sucede.
Son aquellos, más cercanos en sus modos de conducirse a los taxistas locales de aplicación denominados “Familia Seguridad”, que a un consorcio-bufet de lujo, como el estereotipo que aparece en series y películas. Quienes andan en la talacha diaria, pues. Los currantes de la profesión.
Al litigante, sin embargo, queda la reserva moral de subirse a un block para proclamar a los cuatro vientos: si ustedes nunca han litigado, entonces no conocen la profesión. Ajá.
Cortita y al pie
Para nadie es un secreto que Mery goza de muy mala estima entre el gremio de abogados en Coahuila (incluida La Laguna); máxime, entre los de la Región Sureste. Aunque cabría preguntarse quién tiene buena reputación ahí, en ese minimundillo donde a todos se vilipendia por default y la competencia entre pares se confunde con guerra fría.
Tampoco es que necesite legitimidad gremial o aprobación democrática para impartir justicia el Magistrado Presidente, quien es, en los hechos, el jurista número uno de Coahuila, no porque exista una clasificación o un ranking que así lo determine con base en algo, sino porque la máxima aspiración para un egresado de la carrera en la entidad, en el ejercicio de su profesión, sigue siendo la silla principal del Tribunal Superior de Justicia del Estado pese a que ahora, gracias a la reforma de 2025, ya no controla ni el dinero ni la disciplina judicial.
La última y nos vamos
Por lo demás, si Mery se pone chaleco verde para un evento público multidisciplinario donde se reúnen poderes de Coahuila, como ha sido enfatizado en redes sociales para minar su autonomía, es peccata minuta comparado con los tinterillos del Obradorato que se ponen rodilleras bajo la toga, como la visible Lenia Batres o el invisible Hugo Aguilar, pasando por la mayoría del Pleno en la Suprema Corte de Justicia del Acordeón.
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