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Entre acuerdos y aranceles: bastó una semana

Por Jonathan Flores Pérez

Hace 2 meses

Vale la pena comenzar este texto recordando la célebre frase del ex primer ministro del Reino Unido, Harold Wilson (1916-1995), quien alguna vez expresó: “Una semana es mucho tiempo en política”. Y vaya que tenía razón. Apenas la semana pasada, en este mismo espacio comentábamos que Estados Unidos y Canadá habían intensificado sus negociaciones con el propósito de evitar la nueva tanda de aranceles a las importaciones canadienses anunciada por el mandatario estadounidense. Hasta ese momento, todo parecía ir viento en popa; incluso, se habían alcanzado acuerdos importantes, como la reducción de algunos aranceles aplicados a los automóviles y camiones fabricados en ese país.

Pero en política —y especialmente en la política comercial de Donald Trump— las circunstancias pueden cambiar radicalmente en muy poco tiempo. La mañana del pasado lunes 24 de agosto, el presidente estadounidense publicó un mensaje en su red social Truth Social, que agudizó la ya desgastada relación comercial de ambas economías.

El mandatario acusó a Canadá de haberse aprovechado comercialmente de Estados Unidos durante años y cuestionó los elevados aranceles que, aseguró, ese país mantiene sobre los productos agrícolas estadounidenses. Además, atribuyó a esta relación comercial un déficit de 60 mil millones de dólares que calificó como insostenible.

Pero el dato, no termina allí. Trump anunció que, a partir del 1 de enero de 2027, los aranceles aplicados a todos los automóviles, camiones, autopartes y productos de acero provenientes de Canadá se incrementarán hasta un 50%, dejando muy claro el objetivo de esta medida: incentivar que esa producción se traslade a territorio estadounidense, donde esos productos no pagarían aranceles de importación.

Al día siguiente de este anuncio, el Gobierno de Canadá se pronunció de manera oficial para asegurar que a partir del 8 de septiembre impondrá aranceles que van del 15% al 50% al acero de Estados Unidos y otros productos como lácteos, electrodomésticos, maquinaria agrícola y la electrónica, por un valor que asciende a los 27,600 millones de dólares.

El comunicado de prensa del Departamento de Finanzas de Canadá del 25 de agosto de 2026 detalla lo siguiente: “Hemos negociado intensamente y de buena fe con Estados Unidos para lograr un acuerdo comercial justo e integral que proteja a los trabajadores canadienses y a sus familias, fortalezca la economía, brinde mayor seguridad jurídica a las empresas y respete la soberanía de Canadá. Sin embargo, en los últimos días, Estados Unidos propuso nuevas condiciones que no benefician a Canadá. Por lo tanto, hemos suspendido las negociaciones en lugar de aceptar un mal acuerdo que perjudicaría a los trabajadores, las empresas, los sectores estratégicos y el interés nacional canadienses. Canadá no buscó este conflicto comercial, pero debemos responder para garantizar la igualdad de condiciones para nuestras empresas”.

Lo ocurrido en los últimos días pone en evidencia lo frágil que sigue siendo la relación comercial entre Estados Unidos y Canadá en el contexto de la nueva etapa del T-MEC. Más allá de los avances que puedan alcanzarse en las mesas de negociación, basta una decisión política para devolver a ambos países a una dinámica de amenazas, represalias y mayores barreras al comercio. Lo preocupante es que está ocurriendo entre dos economías cuyas cadenas productivas se encuentran profundamente integradas y que, junto con México, deberían estar concentrando sus esfuerzos en fortalecer la competitividad de Norteamérica.

Así, en cuestión de días se pasó de hablar de avances en la negociación bilateral a una nueva escalada arancelaria entre los dos socios. Harold Wilson decía que “Una semana es mucho tiempo en política”; casi ocho décadas antes, en 1886, el también político británico Joseph Chamberlain lo había expresado de otra manera: “En política, no sirve de nada mirar más allá de las próximas dos semanas”. Al menos en la relación comercial entre Estados Unidos y Canadá, ambos parecen haber tenido razón.

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