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Publicado el domingo, 1 de noviembre del 2026 a las 19:28
Saltillo, Coahuila.– El destino unió a Diana Meléndez Garza y Nivia Vidaña Ávila no solamente por su vocación docente, sino también por una pérdida irreparable: ambas quedaron viudas tras el fallecimiento de sus esposos, quienes también dedicaron su vida a la enseñanza en el CETIS 60 y el CETIS 48.
Detrás de uno de los altares de muertos instalados en el Festival de la Catrina esta una historia de amor, vocación y recuerdos que permanece viva en los corazones de quienes compartieron su vida con maestros que dejaron huella en las aulas.
Ambas compartieron también una dolorosa experiencia personal: sus esposos, quienes igualmente fueron maestros de dos instituciones, fallecieron a consecuencia de enfermedades.

Como una manera de mantener vivo el recuerdo de quienes dedicaron su vida a la enseñanza, Vidaña Ávila decidió instalar un altar en memoria de su esposo, Alejandro Hinojosa Fuentes, así como de los docentes Andrea González Pérez, Graciela González Martínez y Tomás Briseño Moo.
En esta ofrenda, las flores de temporada, fotografías y elementos tradicionales del Día de Muertos se convirtieron en símbolos de cariño y reconocimiento para quienes, aunque ya no están físicamente, permanecen presentes en la memoria de sus seres queridos y compañeros de trabajo.

En el caso de Diana Meléndez, su esposo, el profesor Pedro Compeán Ramírez, falleció el 23 de diciembre de 2025. Su fotografía no fue incluida en este altar debido a que no pertenecía a este plantel y aun no cumple un año de su fallecimiento, conforme a la tradición de esta celebración.
Este altar formó parte de los 14 instalados durante el Festival de la Catrina, organizado por el Gobierno Municipal en donde participaron instituciones educativas, clubes de servicio y organizaciones civiles para rendir homenaje a hombres y mujeres ramosarizpenses que dejaron en la vida de la comunidad.
La ofrenda principal estuvo dedicada al militar Eulalio Gutiérrez, expresidente de México y originario de la comunidad de Santo Domingo, cuyo altar fue colocado en el kiosco de la Plaza de Armas, adornado con flores propias de esta temporada.
Al respecto, el cronista de la ciudad, Raymundo de la Rosa Galván, destacó que el Festival de la Catrina llegó a Ramos Arizpe para quedarse, pues la comunidad ya lo hizo suyo y participa cada vez más en esta tradición.
Reconoció el impulso que el alcalde Tomás Gutiérrez Merino ha brindado a esta celebración, que ha trascendido la región Sureste y continúa extendiéndose por distintos municipios de Coahuila.

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