Seguridad
Publicado el martes, 13 de enero del 2009 a las 16:00
Ramos Arizpe, Coah.- La otrora tranquila comunidad de Santo Domingo vivió horas de tristeza y llanto al dar el último adiós a los tres jóvenes que perdieron la vida de manera trágica en un accidente automovilístico cuando se dirigían a Ramos Arizpe a participar en un partido de futbol.
Cada uno por separado, pero unidos por el parentesco y la amistad, los jóvenes Juan Carlos Ábrego de la Rosa, Arturo Cruz Ábrego y Vicente Cansino Mireles fueron velados en sus respectivas casas, donde el común denominador fue la presencia de jóvenes, quienes consternados acudieron a despedir a sus parientes y amigos.
El silencio del lugar sólo era interrumpido por los rezos y el llanto de los familiares y amigos, que se mostraban incrédulos aún de lo sucedido, y que no encontraban respuesta alguna al dolor que los hacía preguntarse por qué Dios había elegido llevarse a sus hijos, hermanos y amigos de esa manera.
Juan Carlos Ábrego de la Rosa, padre de Juan Carlos Ábrego, de tan sólo 15 años de edad, recuerda que el día del trágico suceso su hijo no se sentía con ánimos de ir al partido; pero su amor al deporte le ganó y ya cerca de las 14:00 horas se decidió a acudir.
“Era un buen hijo, no tenía vicios, no fumaba, no tomaba, de la secundaria se venía derechito a la casa; sus amigos siempre lo buscaban aquí para jugar. Le gustaba dibujar mucho; de grande quería ser ingeniero o algo así, pero en el futbol también era bueno, pues me dijo de unos observadores que iban a ir al juego para seleccionarlos”.
Al llegar a casa de Arturo Cruz Ábrego, de 17 años, los familiares, entre sollozos, rezaban el Rosario, cuando de pronto un buen número de amigos de Arturo llegó a darle el último adiós.
Uno de ellos, Alfredo Rodríguez, cargabala camiseta con el número seis que portaba Arturo en el equipo “Real Santo Domingo”, y que habría de regalar a la madre de Arturo como recuerdo de la afición de su hijo.
“Él jugaba de defensa y era un estudiante muy dedicado, le gustaba mucho la computación, estaba en informática en el CETIS 60, era muy tranquilo”, atinó a decir.
Cerca de las 13:30 horas, a la casa de Arturo llegó Adán Vásquez, uno de los jóvenes que resultó lesionado, y que debido a los golpes portaba un collarín y aún mostraba en su rostro las huellas del accidente.
“No, yo no sé por qué fue, no me acuerdo; ya cuando acordé estaba en el suelo, me descalabré acá atrás; lo que me acuerdo es que íbamos bien, nomás me acuerdo que nos volteamos; yo iba atrás, entonces nos caemos, me levantó yo solo y cuando volteé vi que todos estaba tirados”, recordó.
Amante de los caballos, de las cabalgatas y muy amiguero, fue como describieron sus familiares a Vicente Cansino Mireles, de 24 años, quien vivió muy apegado a su abuelo, Secundino Míreles, que fue la persona que le enseñó a trabajar duro.
“Con todos se llevaba bien”, dijo un pariente que prefirió omitir su nombre; “era muy fiestero, le gustaba mucho bailar, y pues el futbol, él se dedicaba a la labor del campo y era muy trabajador”.
La misa para el eterno descanso de los jóvenes se llevó a cabo en la Iglesia de Santo Domingo, en punto de las 16:00 horas, para después proceder al servicio fúnebre que tuvo lugar en el panteón de la comunidad.
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