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Coahuila

Errores comunes al redactar leyes

Por Alfonso Yáñez Arreola

Hace 9 meses

Cuando las leyes no están claras, su aplicación se vuelve frágil en la práctica. El derecho deja de ser predecible y se convierte en un problema de técnica legislativa y de interpretación cuando alguien la entiende de forma distinta a como fue pensada o cuando se permiten resultados que nadie previó.

La semana pasada participé en el Foro de la Federación Iberoamericana de Abogados en materia del semillero de derecho parlamentario y técnica legislatica en el Senado de la República de la Ciudad de México donde reflexionamos que los problemas más graves del derecho nacen en el papel, antes de que se apliquen las leyes.

Cuando una ley no se entiende, no genera certeza jurídica, genera discrecionalidad y la discrecionalidad, cuando no está bien acotada por el texto, no es neutral y la ley deja de ser pareja.

Eso es un problema que afecta la confianza, la legitimidad y la percepción socialde la justicia.

Primer error: la ambigüedad. Un error común al redactar leyes es creer que todos entendemos lo mismo cuando usamos una palabra. Por ejemplo, la frase: “se sancionará a quien cause daño grave”, suena fuerte, clara y correcta.

La pregunta es ¿grave para quién?, para el juez que va a sentenciar, para la autoridad administrativa que iniciará el procedimiento, para la víctima que sufrió el daño o para el legislador que redactó la norma.

Todos pueden tener argumentos jurídicos para sostener su interpretación, eso es ambigüedad y genera incertidumbre. Cuando el texto no es claro, la decisión ya no depende de la ley, sino de quién la interpreta.

Segundo error: oraciones interminables. Otro error es querer decir todo en una sola oración, como si entre más larga, fuera más completa; pasa lo contrario en la práctica. Se empieza hablando de una obligación y se termina hablando de una excepción, con ideas distintas en el contenido, con incisos, paréntesis y comas que no se sabe a qué se refieren. “Así como”, “siempre que”, “salvo que” son señales de que algo falló. Eso no es técnica legislativa es cansancio del legislador que quiso resolver todo y del lector que tiene que decifrar la intención de la norma. Una ley clara se entiende, si necesita explicación para funcionar, no funciona como ley.

Tercer error: querer sonar elegante, en vez de ser claro. Redactar palabras rebuscadas, expresiones que nadie usa al hablar, téminos que sólo viven en el papel y que no existen en la vida real. Una ley es una instrucción que dice lo que se puede hacer, lo que no se puede hacer y las consecuencias del incumplimiento. Cuando una instrucción no se entiende, no sirve. Una instrucción clara es fuerte y es una forma de respeto al juez que la va a interpretar, al funcionario que la va a ejecutar y a la ciudadanía que está obligada a cumplirla. Nadie debe ocupar un diccionario jurídico para entender la ley.

Cuarto error: copiar sin contexto. Muchas normas no se crean desde cero, se copian de otros países, de otros sistemas jurídicos o de otras épocas. Copiar, no es por sí mismo algo malo. El problema es copiar sin adaptar al contexto social, jurídico y cultural que corresponde. El derecho se contruye, se adapta a la realidad, se ajusta a las instituciones existentes y se escribe pensando en quién lo va a aplicar y en quien lo va a cumplir. Si una ley ignora su contexto, no ordena la realidad, la choca.

Una ley mal redactada se convierte en procesos jurídicos largos, en criterios contradictorios y en decisiones distinatas para personas en la misma situación, lo que genera desconfianza. Cuando una ley no se entiende, se siente lejana, ajena e injusta y pierde su legitimidad. Redactar una ley es un acto jurídico de responsabilidad social porque cuando el derecho es claro, la sociedad puede reconocerse en él, puede creer y puede confiar.

 

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