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Coahuila

Esa masa de palurdos que ve quien les promete a Peso Pluma en Coahuila

Por Luis Carlos Plata

Hace 3 años

Monotemático y machacón. Que si gana Guadiana la Gubernatura de Coahuila, viene Peso Pluma, el fenómeno musical de moda. Lo promete además por su sombrero, para darle mayor “solemnidad” al asunto.

O eso da a entender, pues claramente no expresa que se tratará de un concierto gratis tal vez por un problema de afasia, porque se trata de un cebo de pesca, o para no cometer un delito electoral exponiendo el plan con todas sus letras, al condicionar el voto a un beneficio futuro que nada tiene que ver con la plataforma electoral de Morena.

Lo que parecía originalmente una puntada más de su trayectoria política para hacer clic con los jóvenes (como simular ser un DJ o disfrazarse de Mario Bros., ambas en 2021 durante la campaña por la Alcaldía de Saltillo), se convirtió a partir del lunes pasado en su propuesta única de campaña, antes, durante, y después del último debate organizado por el Instituto Electoral de Coahuila.

Pero a casi una semana de pronunciada sigue siéndolo, desplegada como tema exclusivo para la segunda mitad del periodo de proselitismo, secundado incluso por el Comité Ejecutivo Nacional de Morena.

Guadiana Tijerina es un convencido de que las elecciones no se ganan con debates ni mítines, mucho menos con discursos, ni siquiera con propuestas, sino siendo popular y cayéndole bien a los hipotéticos votantes. Es descarnado. Pragmático.

Para muestra, la escasa preparación intelectual invertida para los ejercicios organizados por el IEC, o el desorden de una campaña, la suya, que consiste básicamente en asomarse a lugares donde haya concurrencia y puntos de encuentro, como mercados o estadios.

Es proverbial su escasa presencia en eventos públicos por jornada, cuestionada por ejemplo por Luis Fernando Salazar al final de la precampaña, a mediados de febrero, cuando informó las razones por las cuales no sería su coordinador como se había establecido inicialmente, al momento de su designación como precandidato, el 12 de diciembre.

No es la primera vez que se pretende “chamaquear” a los jóvenes. Sucedió en la Universidad Autónoma de Coahuila durante 2010, cuando el entonces gobernador, Humberto Moreira, prometió laptops para todos los estudiantes (30 mil entonces) en la coyuntura de reelegir para un segundo periodo al entonces rector, Mario Alberto Ochoa. Los jóvenes hicieron su parte, y las computadoras personales nunca llegaron a sus manos.

En el caso que nos ocupa existe un esbozo de estrategia para engatusarlos (explicada obviamente porque uno de cada tres en la lista nominal de Coahuila tiene de 18 a 29 años; representando 697 mil) pues la primera propuesta de campaña, a minutos de iniciada oficialmente, fueron becas dirigidas a estudiantes de todos los niveles, aunque sin cuadrar los números acerca de dónde saldrá el dinero, y cuál es el fin que persiguen (pues existiría duplicidad con los apoyos federales) aparte del obvio clientelismo.

Ahora bien, por desconocimiento, o por economía de esfuerzos, a quienes tienen entre 18 y 29 años de edad se les agrupa como si todos fuesen exactamente lo mismo. Como seres con capacidad disminuida.

Históricamente se les concibe, y Guadiana no es la excepción al idearlos así, como una masa de palurdos. En el mejor de los escenarios, un target group, lo cual en mercadotecnia significa un mercado objetivo al cual se pretende vender algo dándole por su lado.

Sin embargo no comparten los mismos contextos en Coahuila el joven obrero, el estudiante, el padre de familia, el adicto, el marginado social de zonas urbanas, quien habita en zonas rurales, el que padece permanentemente ansiedad, ni quienes basan su existencia en una condición de género.

Tampoco el gamer que no abandona la realidad virtual y se le dificulta la interacción social, los que tienen trastornos del comportamiento, quienes son educados por Netflix mientras ni estudian ni trabajan, y los que aspiran a convertirse en influencers.

Los jóvenes son mayoría en la pirámide poblacional, un grupo no politizado que no suele participar en política activamente más allá de causas puntuales acotadas a fechas específicas, como feminismo y la defensa de perritos.

Para ellos no hay propuestas para el acceso a vivienda propia, para promover su incursión al mercado laboral con estímulos que fomenten la estabilidad y erradiquen la rotación habitual, para dotar de un transporte público ya no digamos eficaz y eficiente, sino mínimamente funcional (cuestión fundamental para su desarrollo), ni para el esparcimiento permanente mediante actividades culturales y recreativas que tanta falta le hacen al estado. Nada. Solo Peso Pluma, y condicionado.

Cortita y al pie

Más allá de los gustos musicales de cada quien, Peso Pluma es un concepto que funciona, soportado en buenos músicos ejecutando notas a contratiempo como en el jazz (toda proporción guardada) y un muchacho blanco, privilegiado a comparación de quienes en él se proyectan, incrustado en un ambiente al que no pertenece de cuna ni de formación.

Por lo demás, evoca la contracultura, el desafío de la autoridad y el dominio de los riesgos. Características que todas las generaciones de adolescentes han idolatrado en su momento con diferentes manifestaciones y expresiones artísticas dependiendo de la época. Vinculadas o no a una causa en común o valores compartidos. Hoy en México domina la narcocultura y apología del delito. El narcicismo en boga. Eso es.

La última y nos vamos

Nada tiene qué ver con el demagógico “derecho al disfrute” ni con una presunta reivindicación, como pretende vender la idea Morena.

Dicho lo anterior, ¿se le puede pedir conciencia social a un personaje como Peso Pluma, específicamente que se pronuncie públicamente acerca del uso lucrativo de su imagen para engañar incautos durante un proceso electoral en Coahuila?

 

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