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Esas motos

Por Juan Latapí

Hace 3 semanas

Todos los días sin excepción aparece cuando menos una noticia de algún accidente en el que una motocicleta se ve involucrada, y es que la proliferación de motos se ha convertido en un serio problema de tránsito sin que las autoridades le pongan atención.

A diario por calles y avenidas pueden verse motos a exceso de velocidad, rebasando a lo loco, pasándose los rojos, en sentido contrario, sin placas, conductores sin casco -muchos de ellos adolescentes-, con más de dos tripulantes a bordo, con ruido excesivo y arrojando humo. Se sienten con todos los derechos viales pero sin obligación alguna de cumplir con las reglas de tránsito.

Se estima que hasta el año pasado en Coahuila había más de 50 mil motos plaqueadas -que pagan sus impuestos- pero se desconoce cuántas más hay sin pagar derechos vehiculares. A nivel nacional, entre 2017 y 2022, se triplicó el parque vehicular de motos, y ese último año se vendieron 1.25 millones de motos, cantidad superior a la venta de automóviles lo que incrementó notablemente los accidentes.

Básicamente hay tres factores que han favorecido la proliferación de las motos como transporte en las ciudades. El primero es que son vehículos mucho más baratos que un automóvil, que se pueden adquirir usados desde 10 mil pesos, y además su mantenimiento y consumo de gasolina son mucho más económicos. El segundo factor obedece a la movilidad ya que se hace menos tiempo al poder trasladarse más fácil en el tráfico. Y por último, el pésimo servicio de transporte urbano que padecemos.

Los motociclistas están más expuestos y son más vulnerables en caso de accidentes en comparación con los conductores de automóviles, la falta de una carrocería protectora ocasiona que las lesiones sean más graves.

La velocidad y la capacidad de maniobrar rápidamente entre el tráfico aumentan el riesgo de colisiones y hay 18 por ciento más accidentes de motocicletas que de coches.

Chocar con una moto es una tragedia en la que el automovilista lleva las de perder aunque no tenga culpa alguna.

Las motos suelen ser ruidosas, especialmente las que tienen modificado el escape, ocasionando contaminación auditiva. Se supone que la Organización Mundial de la Salud tiene establecido como límite 55 decibeles, sin embargo muchas de las motos tripuladas por adolescentes que circulan en Monclova duplican dicho límite. Así mismo muchas de las motos de modelos económicos y de años atrás emiten gran cantidad de humo sin que a nadie importe.

Varios motociclistas tienden a ignorar las señales de tránsito y las normas de circulación, incluso conduciendo sobre las banquetas -donde las hay-, poniendo en riesgo su seguridad y la de los peatones.

Así mismo las motos se estacionan en lugares no permitidos, obstruyendo banquetas -donde las hay- y otros espacios públicos.

Al resultar cada vez más fácil adquirir una moto, la invasión de las motos empeoró y el caos vehicular aumentó complicando el tráfico y con el consecuente aumento de los accidentes de tránsito, ocasionados mucho de ellos por la imprudencia y la falta de destreza de los motociclistas.

Ante esta invasión caótica las autoridades de tránsito son omisas y tal parece que tienen miedo de encarar debidamente este problema. El Reglamento de Tránsito de Monclova -que no dan a conocer- señala la obligatoriedad de que los conductores de motocicletas, y en su caso sus acompañantes, deberán usar casco y anteojos protectores. También tener alumbrado tanto en la parte delantera como en la posterior (Art. 65). Así mismo está prohibido a las motocicletas transitar por carriles centrales o interiores de las vías primarias. Las motos con cilindraje superior a los 400 centímetros cúbicos no están sujetas a esta prohibición pero deberán transitar siempre con las luces encendidas (Art. 99). Obviamente nadie lo cumple.

Ante este problema los candidatos lo evaden y en ningún lado aparecen propuestas tales como el requisito para obtener la licencia de conductor tomar un curso que incluya tanto teoría como práctica enfocado en técnicas de manejo seguro, conocimientos de las normas de tránsito y prevención de accidentes. Tampoco se menciona la propuesta de establecer áreas de estacionamiento designadas para motos, ni contar con una señalética clara y visible que consideren a los motociclistas.

Un punto de partida para empezar a regular este problema es la impartición de seguridad vial desde el jardín de niños hasta secundaria. Desafortunadamente no se necesita ser adivino para saber que el problema de las motos lejos de disminuir irá aumentando, cobrando vidas, ante la indiferencia de las autoridades.

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