Las 15 entidades donde se elegirá Gobernador el 6 de junio, también nombrarán 91 diputados federales. La cifra equivale al 30% de los distritos en que se divide el país; hace tres años, Morena ganó 84. Hoy las encuestas le conceden ventaja en la mayoría de los estados, inclusive en Sonora, ocho de los cuales están en poder del PRI, cuatro del PAN y las tres restantes en manos del PRD, Morena y un independiente. En Ciudad de México, Estado de México, Veracruz, Chiapas y Puebla, el partido del presidente Andrés Manuel López Obrador tiene 87 legisladores de un total de 113. Solo con alcanzar los mismos números el 6 de junio, estaría a un paso de la mayoría absoluta.
El escenario es probable, con base en las preferencias electorales, pero indeseado por los opositores de AMLO y aun por votantes que lo apoyaron en 2018. Sin embargo, el analista Federico Berrueto lo descarta. El autor de la columna “Juego de Espejos” refuta las encuestas y anticipa la derrota de Morena. En tal circunstancia —apunta—, “el Gobierno tendría dos caminos: el de la negociación, el menos probable, o el del Gobierno por decreto. La cuestión es que los asociados (de Morena) se encarecerían más a la vista de la sucesión presidencial y la situación se complicaría todavía más, especialmente en la aprobación del presupuesto, si la coalición gobernante no alcanza la mayoría absoluta” (“El Morena sin mayoría”, Espacio 4, 666).
La concurrencia de comicios federales y locales pondrá a prueba la fortaleza de AMLO y su partido, pero también a los gobernadores. El escándalo y desafuero virtual de Francisco Javier Cabeza de Vaca (Tamaulipas) significa un revés para la coalición Va por México (PRI-PAN-PRD) y para la autollamada Alianza Federalista. Silvano Aureoles (Michoacán), Javier Corral (Chihuahua), Jaime Rodríguez (Nuevo León) e Ignacio Peralta (Colima), integrantes del mismo sindicato, afrontan conflictos sociales y el riesgo de ser relevados por candidatos de otro partido.
Jefes reales de los diputados y senadores hasta el sexenio pasado, los gobernadores no tienen hoy la misma fuerza. Asfixiados por el recorte de fondos federales, sin influencia en el Congreso ni conexiones en el Gabinete presidencial, pero además vigilados por la Fiscalía Especializada en Delitos Federales (Fepade) y la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), su capacidad de maniobra se reduce drásticamente. Incluso los procesos locales son organizados por el Instituto Nacional Electoral (INE) y no por los órganos estatales, cuyos consejos son proclives a ellos.
Los gobernadores también perdieron el control de las delegaciones federales y los programas sociales, operados directamente por la Cuarta Transformación. La vacunación contra el Covid tampoco depende de ellos, sino de la Secretaría de Bienestar. Este conjunto de factores juega en su contra, a pesar del dominio que ejercen sobre la mayoría de los medios de comunicación, de acuerdo con un estudio de Germán Espino para SciELO (“Represión autoritaria en los estados; prensa regional, sometida al poder”, Espacio 4, 663).
En estas elecciones intermedias se elegirán seis gobernadores y 14 congresos más que en las de 2015. El escenario para los ejecutivos locales luce bastante complicado. Si Morena triunfa, al menos, en ocho estados, subiría a 14; el PRI bajaría a cinco, el PAN a siete y el PRD perdería Michoacán, su último bastión. Pero si el partido guinda conserva la mayoría en el Congreso, el presidente López Obrador podrá continuar el cambio de régimen, salir airoso de la revocación de mandato del año próximo y decidir la sucesión de 2024 según su proyecto y las circunstancias del país.
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