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¡Espectacular!

Por Guadalupe Loaeza

Hace 1 año

Para Guillermo Wiechers. En 1971 escuché por primera vez la música de “Jesucristo Súper Estrella”, álbum que daría pie al musical del mismo nombre de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice. Entonces yo era la típica veinteañera sumamente “fresa”. Confieso que la letra de algunas de las canciones de la ópera rock me confundieron un poco, me negaba a imaginar a María Magdalena atraída por Jesucristo: “No sé cómo amarlo / cómo debo tratarlo, ya cambié, sé que cambié… Hombre es, solo hombre es/ Tuve a muchos hombres, antes que él / A tantos, tiempo atrás / Es uno más / Debo desistir/ Debo hablar de amor, mi pasión mostrar…”. Me cuentan que Ernesto de la Peña aseguraba que en los evangelios apócrifos Jesús y María Magdalena “traían onda”, es decir, tenían una relación romántica.

Así aparece en la maravillosa puesta en escena del musical dirigido en México por Nick Evans, con Armando Reyes como director artístico y Julissa como responsable de la traducción. La coreografía de María Meneses es grandiosa por original y por deslumbrante. Jorge Ferrari es el diseñador de la escenografía; con Sol Kellan y Bernardo Vázquez, quienes se ocuparon del vestuario, me pongo de pie y les aplaudo con todo mi entusiasmo. Me encantó la chamarra roja de Judas, me fascinaron los atuendos y las pelucas rubias llenas de ondas de las bailarinas, como se vestían las coristas en los cuarenta, y la música y los bailables resultan apantallantes. La calidad del sonido es espléndida. Y el hecho de que todo suceda en la época actual es un acierto logradísimo. Los seguidores de Jesucristo le quieren tomar una “selfie”; todas las primeras planas de los diarios del mundo reflejados en una enorme pantalla se preguntan quién es ese individuo que se hace pasar por el hijo de Dios; cuando lo crucifican en una cruz luminosa y gigantesca, toda la prensa quiere fotografiarlo porque, claro, es el “Superstar”, ¡el Jesucristo Superstar! que hace milagros y soporta todos los azotes que le propinan los soldados romanos. Judas cuenta a gritos más de 50 azotes.

¿Y qué decir de los actores? Benny Ibarra (hijo de Julissa) como Jesucristo es guapísimo; así me imaginaba a Jesús cuando hice mi primera comunión, así de frágil y de fuerte a la vez; así de alto y de distinguido. Durante la función volví a creer en él y hasta mentalmente le recé para que Trump, que bien podría fungir como Judas Iscariote (Erik Rubín), no atacara a los migrantes. Qué voz, qué personalidad y qué fuerza tiene el Judas de la obra. Lo odié, como debe de ser. María León, como María Magdalena, tiene un timbre de voz muy bonito. Jesucristo sí se hubiera enamorado de ella. Pero el mejor, a mi manera de ver, es el cabrón de Poncio Pilatos, interpretado por Leonardo de Lozanne: alto, rubio y con una personalidad imponente. No hay duda de que ese papel es el más difícil de interpretar. Viéndolo actuar, yo pensé en Adán Augusto López, así de traidor lo imagino. No obstante, el que se lleva las palmas y la admiración de todo el público es Alex Lora como Herodes. Fue el más aplaudido, el más divertido, como acostumbra ser en la vida real. ¡Es buenísimo!, audaz, vital, cínico, malo, corrupto, inmoral, ladrón, mal hablado y perverso, como JD Vance, quien responsabiliza a todos los migrantes de los males de Estados Unidos. El famoso Kalimba, quien actúa como Simón, es un actor que prende a las multitudes. Cada vez que salía, todas sus admiradoras gritaban de emoción. El apóstol Pedro lo interpreta el cantante Yahir, y sí tiene cara de haber entregado, antes de que cantara el gallo, a Jesús.

¿Qué pasaría si de verdad resucitara Jesucristo y viera en qué estado se encuentra el mundo?, ¿qué diría de la guerra en Medio Oriente, de los líderes actuales, de los misiles que autorizó Biden para atacar Rusia?, ¿qué diría de las divisiones que provoca Putin, atacando a Ucrania?, ¿qué diría de los cárteles mexicanos y de los casi 200 mil muertos y miles de desaparecidos durante el Gobierno de López Obrador?, ¿qué pensaría de un líder como Donald Trump, violador de mujeres y convicto por la ley?, ¿qué diría de la apabullante riqueza de Elon Musk?, ¿qué diría de los 11 millones de migrantes mexicanos que están a punto de ser devueltos por Estados Unidos a su país? y, por último, ¿qué diría Jesucristo en 2024 de la destrucción del medio ambiente? Creo que volvería a decir, elevando los ojos al cielo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

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