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Coahuila

Este gato blanco…

Por Alejandro Irigoyen Ponce

Hace 4 años

Primero, un breviario: es una suerte de axioma que los demagogos son expertos en el manejo de la posverdad, entendiendo ésta como una distorsión deliberada de la realidad para manipular creencias y emociones.

Ahora, una vieja fábula, la del pueblo de ratones gobernados por un gato negro. El gato era especialmente cruel y cometía toda clase de excesos hasta que, como consecuencia lógica de su cotidiano actuar, hartó a los vapuleados roedores.

Estos decidieron finalmente, ante tantos abusos, darle una gran lección: decidieron que ya nunca más estarían bajo el yugo del gato negro, así que masivamente eligieron como nuevo gobernante a un gato blanco. La moraleja es simple y refiere la miopía de los ratones que, tal vez por desesperación, al final del día, lo único que cambiaron fue el color del depredador.

Es una fábula, solo eso. El gato negro era corrupto, inepto, voraz, e incluso descarado; más que merecido, ganado a pulso, el que recibiera tremendo voto de castigo… pero el gato blanco no era muy distinto en el fondo, en su naturaleza.

Así que este pueblo de ratones paga hoy una alta factura por los yerros, omisiones, estrategias fallidas para combatir los grandes problemas, incluso corrupción bajo la Administración del gato blanco, pero ahora, además, viven en negación, en una suerte de autoengaño, y pese a que han pasado tres años, siguen creyendo que votar por el gato blanco fue la mejor decisión de sus vidas.

El gran problema del gato blanco es que está lleno de resentimientos y ha demostrado, decenas de veces, además de que es un maestro en eso de la posverdad, que le mueve un deseo incontrolable por agredir, por dañar, por reducir todo lo que no embona en su peculiar visión del mundo y a la vez, protege, sin importar la suma de evidencias y pruebas en su contra, a quienes le son incondicionales.

Pero eso no lo ven los ratones, vaya, ya ni siquiera recuerdan la gran promesa del gato blanco de pacificar y reconciliar al pueblo, y de eso, pues todo lo contrario. Pero insisto, es solo una vieja fábula.

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