Espectáculos

Publicado el lunes, 7 de septiembre del 2026 a las 15:50
Saltillo, Coah.- El arte trasciende. A veces lo hace lentamente, como una canción que espera años hasta encontrar otros oídos. Giuni Russo es uno de esos casos. Una mujer que, dentro de una industria que tantas veces privilegió el éxito inmediato, eligió ser fiel a su propia brújula artística, aun cuando eso significara apartarse de los reflectores.
Este 7 de septiembre, fecha con la que tradicionalmente se ha asociado su nacimiento en 1951, Giuni habría cumplido 75 años. Nacida en Sicilia como Giuseppa Romeo, poseía una voz extraordinaria, de una extensión cercana a cinco octavas, pero reducirla a sus agudos sería hacerle una injusticia: Giuni no solamente cantaba, transformaba la voz en materia, paisaje y emoción.
Primeros vuelos
Desde niña estudió canto y composición. En 1967 ganó el Festival de Castrocaro y un año después llegó a Sanremo como Giusy Romeo. En 1969 viajó a Japón, donde cumplió 18 años, y ese viaje sería también el comienzo de una amistad y sociedad artística decisiva con Maria Antonietta Sisini.
En 1975 apareció Love Is a Woman, su primer álbum, grabado completamente en inglés bajo el nombre de Junie Russo. Era apenas una primera estación para una artista que nunca pareció conformarse con permanecer demasiado tiempo en el mismo lugar.
Luego llegó Energie, en 1981, un trabajo que ya mostraba su inclinación por experimentar y que contó con la colaboración de Franco Battiato y Giusto Pio. Pero el gran público la descubriría un año después con Un’Estate al Mare, canción que se convirtió en uno de los grandes éxitos del verano italiano.

Verano eterno
Después vinieron Vox, Mediterranea, Giuni y Album. En medio de esa etapa aparecieron canciones que todavía huelen a sal, sol y carretera: Mediterranea y Alghero, convertidas en piezas esenciales de la memoria musical italiana de los años 80.
Paradójicamente, aquella popularidad podía ser también una jaula. El público había encontrado a la “Giuni del verano”, mientras ella buscaba otra cosa. Quería investigar, cruzar fronteras, acercarse a la música clásica, a la poesía y a lo espiritual. Su trayectoria comenzó a escapar de las etiquetas justo cuando esas etiquetas parecían más cómodas.
Otro camino
En 1988 llegó A casa di Ida Rubinstein, un giro decisivo que prácticamente cerró su etapa pop. Giuni llevó su voz hacia arias y romanzas de Bellini, Donizetti y Verdi, mezclándolas con elementos contemporáneos y construyendo una obra cada vez más personal.
Después profundizó en la poesía, el teatro y los textos sagrados. Se acercó especialmente a la espiritualidad carmelita y encontró inspiración en figuras como Santa Teresa de Ávila, Edith Stein y San Juan de la Cruz. En 2003 volvió a Sanremo con Morirò d’Amore. Un año después apareció Napoli che Canta, su último trabajo publicado en vida.

Una voz libre
“Creo que la misión artística de Giuni fue buscar la verdad a través de la música”, explica en entrevista Maria Antonietta Sisini, quien compartió con ella 36 años de vida y trabajo y hoy custodia su legado.
“Nunca consideró el arte como un simple entretenimiento o como un medio para alcanzar el éxito. Para ella, el canto era un instrumento de conocimiento, una búsqueda continua de expresión y espiritualidad”.
Sisini recuerda también que Giuni nunca quiso fabricar un personaje: “Habría querido que permanecieran sus obras, su voz y el valor con el que siguió su propio camino, incluso cuando eso significaba ir a contracorriente”.
Y en ese camino hubo un compañero artístico fundamental: Franco Battiato.
“Ambos consideraban la música como una forma de búsqueda interior y de elevación espiritual”, cuenta Sisini. Battiato, por su parte, describió a Giuni como un “talento natural asombroso” y destacó que su enorme potencia vocal convivía con una sensibilidad musical poco común.
Después
Giuni Russo murió en Milán en septiembre de 2004, a los 53 años, después de padecer cáncer. No hace falta detenerse en el dolor para comprender la dimensión de su ausencia: basta escucharla.
Dos décadas después, su voz sigue atravesando el tiempo. Puede aparecer en una canción de verano, en un aria, en un verso de Borges o en una plegaria y conservar, intacta, esa capacidad de estremecer.
Quizá esa sea la mejor manera de acercarse a Giuni Russo desde México, donde su obra no alcanzó la dimensión popular que tuvo en Italia: no como una reliquia de otra época, sino como una artista por descubrir.

Porque algunas voces no envejecen. Se quedan suspendidas en el aire, esperando que alguien vuelva a escucharlas.
Arrivederci, Giuni. O quizá, mejor: eterna Giuni.
Notas Relacionadas
Hace 19 horas
Hace 22 horas
Hace 23 horas
Más sobre esta sección Más en Espectáculos
Hace 1 hora
Hace 1 hora
Hace 5 horas
Hace 5 horas
Hace 5 horas
Hace 5 horas
Hace 7 horas
Hace 17 horas
Hace 17 horas
Hace 18 horas
Hace 18 horas
Hace 18 horas