Piedras Negras
Publicado el sábado, 14 de febrero del 2026 a las 04:12
Piedras Negras, Coahuila.- En un mundo donde muchas historias dan significado al amor con flores y promesas, la de Gilberto y Evelyn demuestra que el verdadero significado del 14 de febrero no está en los regalos… sino en permanecer juntos cuando la vida cambia por completo.
La historia de esta pareja inicia tras conocerse en la fábrica en la que trabajaron juntos, Gilberto, originario de Veracruz y Evelyn de Piedras Negras. Él recién regresaba de su tierra natal y ella realizaba sus estudios
universitarios.
Luego de casarse en 2017, han sido ocho años de matrimonio donde el amor y su hija Regina se han convertido en el motor de esta pareja, para enfrentar la vida y las
adversidades.
“ La conocí y le caía mal, pero del odio hay un paso para el amor y así la conquisté, así fui conquistándola”, precisa Gilberto Luis Ramírez Tejeda.
“ Duramos dos años de novios y exactamente a los dos años de cumplirlos nos casamos, el 24 de noviembre de 2017. Tenemos ocho años de casados, 10 de conocernos. Los primeros cuatro años y medio nos cuidamos para no tener hijos, y después dijimos vamos a darnos la oportunidad y ya llegó la Regis”, destaca Evelin Lucía Aranda Esparza.
La vida parecía avanzar con normalidad, hasta el 1 de septiembre de 2022, cuando un accidente automovilístico lo cambió todo. Gilberto sufrió una lesión grave en la columna que redujo al mínimo las posibilidades de volver
a caminar.
La noticia cayó como un golpe inesperado para la pareja que estaba a punto de recibir una nueva vida, pues Evelyn tenía ocho meses de embarazo.
“ Se le descontroló el carro de un amigo y pues chocó, yo venía en la parte trasera, y pues lamentablemente yo me llevé todo el golpe, pero lo bueno que lo pude aguantar”, detalla Gilberto.
“ Pero pues sí son experiencias que uno va a agarrando poco a poco, escarmiento como diría mi mamá, enderezadas que te da el destino y pues ni modo hay que seguir adelante”, añade.
Evelyn precisa que fueron días de incertidumbre entre hospitales y lágrimas, que coincidieron con el nacimiento de su hija Regina.
“ Tenía ocho meses de embarazo pues sí fue muy difícil, yo pensé que sólo era un choque nomás así, no sabía la gravedad hasta que llegué a urgencias”, indica.
“ Que lo iban a trasladar a Monterrey de urgencia, pero que firmara unos papeles porque en el transcurso del camino podía fallecer de lo grave que estaba”, añade con un nudo en la garganta al recordar.
Los primeros meses fueron los más duros. Siete meses en cama, terapias constantes y una rutina que obligó a reinventar cada aspecto de su vida diaria. Evelyn se convirtió en enfermera, compañera y fortaleza emocional.
“ Ahí en el momento, pues nomás una fractura en el cráneo y un corte, pero ya semanas pintadas mi diagnóstico ya fue una fractura de columna con lesión lumbar completa y pues un cinco por ciento de volver a caminar”, comparte Gilberto.
“ Pues movilidad, creo que sólo una mano podía mover y el cuello nomás un poco, y pues ella me daba de comer en la boca, me rasuraba, me hacía todo. Y después empecé terapias, un poco de recuperación y de ahí en adelante, agarrar fuerza en los brazos y andar en la silla de arriba para abajo”, agrega.
La estabilidad económica también se quebró. Tras dejar su empleo, la familia tuvo que vender muebles, rentar su casa y empezar de nuevo.
“ Vendí mi moto, empezamos a pagar todo lo que debíamos, después me movieron a una pensión por parte del seguro, la empresa me dio de baja, me dieron mi liquidación”, precisa Gilberto.
“ Nos aventamos un año con mi mamá, de la pensión lo repartíamos comida, gastos, pago de renta, nos regresamos aquí con la fuerza de voluntad, ella recién operada también, era yo sentarme a ayudarla y ahí fue cuando empezamos a poner pulguita”, indica.
Con diferentes actividades y la solidaridad de algunas personas, la pareja ha logrado mantenerse a flote.
“ Mucha gente nos ayudó, ahora vendemos tamales, mi suegra nos ayuda con la venta de tamales, o rifas, el chiste es movernos para salir adelante”, añade.
Además, gracias a los videos que empezó a subir Evelyn sobre su nueva manera de salir adelante, hubo quien se ofreció a ayudarles a hacer un baño y el alcalde Jacobo Rodríguez les regaló los materiales, para que Gilberto ya no tuviera que bañarse en la cocina.
El baño está aún en obra negra, pero por lo menos ya no se les filtra el aire que podría afectar de sobremanera a Gilberto.
La discapacidad no ha detenido a Gilberto. Con creatividad, fabricó barras metálicas para ejercitarse y mantenerse de pie por momentos, siguiendo la recomendación médica de no dejar de moverse.
“ Me inventé unas barras para levantarme y yo mismo las soldé, las corte las pegué, vinieron unos amigos hicieron los hoyos y ahí los pusieron”, apunta.
“ Es la forma mía de poderme levantar con la pura fuerza de los brazos y bloquear las rodillas, para que relaje la columna, baje la sangre, así como el cuerpo quiere estar sentado, también quiere estar parado”, agrega.
Desde su hogar ubicado en el sector Praderas, entre terapias, aprendizaje y videos en internet, la pareja demuestra que la resiliencia también se construye con esfuerzo cotidiano.
Evelyn movía a Gilberto en ambulancia para llevarlo a terapia, no podía sentarse hasta pasar seis meses, pero luego de que le quedaron mal, decidió a los cuatro meses sentarlo en el carro y llevarlo para que no las perdiera.
“ Yo sé que la gente se ocupa, las personas tienen su vida, nadie va a estar ahí al cien por ciento, mas que nosotros dos, yo tengo que moverme, tengo que buscar”, indica.
Ambos aprendieron a hacer equipo, a ayudarse mutuamente, Evelyn incluso ha aprendido albañilería, para poder adecuar la casa.
“ Siento que me ha hecho otra persona, literalmente otra mujer, y me siento orgullosa también de mí, porque sé que mi hija también lo va a aprender”, resalta.
Entre oraciones y preguntas inocentes sobre cuándo volverá a caminar Gilberto, la familia aprende que los procesos llevan tiempo y que la fortaleza también se hereda.
Evelyn pide a Dios por su esposo junto a su hija Regina: “Me pongo a orar con ella y le hemos pedido a Dios que en unos años pueda caminar”.
“ Ella me dice: Mamá, pero si le pedimos a Dios que caminara, por qué no camina, le digo es un proceso, esto va a tardar, pues trato como de que ella pueda entender que va a tardar un poco y si no pasa, pues que también está bien, porque él está bien”, subraya.
Hoy, mientras muchas parejas celebran el 14 de febrero con cenas y detalles, Gilberto y Evelyn celebran algo distinto: El privilegio de seguir juntos, de aprender uno del otro y de demostrar que una discapacidad no limita la capacidad de amar.
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