Vida
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Redacción
Publicado el lunes, 14 de junio del 2021 a las 11:13
Ciudad de México.- La fuerte radiación solar en verano tiene sus lados claros y sus partes oscuras. Los seres humanos necesitamos una cierta dosis de radiación solar para sintetizar la imprescindible vitamina D. Además, estimula la inmunidad y mejora el estado de ánimo.
Uno de los mejores consejos de salud que se pueden ofrecer es que se pase más tiempo al aire libre, si es posible en un entorno natural. Pero también es cierto que un exceso de radiación solar se relaciona con el cáncer de piel.

Podemos ponernos sombreros y cremas solares naturales, pero los rayos ultravioleta (UV) del sol pueden alcanzarnos en muchos lugares inesperados.
Si estás bajo la sombrilla en un parque o en la playa, aún puedes recibir hasta el 50% ciento de la radiación UV. La dosis exacta depende del reflejo del suelo y de la permeabilidad a los rayos UV de la sombrilla. Por eso es posible que te quemes aunque hayas estado todo el rato a la sombra.
La sombra que proyecta un edificio sólido, por ejemplo, es más segura. En ese caso solo recibes la luz reflejada, que no obstante, puede ser bastante.
En verano nos ponemos ropas ligeras y de colores claros porque creemos que estaremos más frescos y protegidos. La verdad es exactamente la contraria. En realidad cuanto más oscura y densa sea la tela, menos radiación UV puede penetrarla, según la Skin Cancer Foundation. Por eso los nómadas del desierto se visten envolviéndose en gruesas telas negras. En cambio, con camisas blancas y finas, casi la mitad de la radiación llega a la piel.
Existen prendas con factor de protección solar, pero debes tener en cuenta de que con cada lavado se va reduciendo.
La mayoría de los cristales dejan pasar solo una pequeña parte de rayos UVB y un poco más de rayos UVA. Esto quiere decir que reducen el riesgo de quemadura, y algo menos el peligro de envejecimiento y cáncer de piel. Todo es cuestión de horas. Puedes comprobarlo en los taxistas y camioneros veteranos, que tienen el brazo izquierdo más envejecido que el derecho.
Los cristales tintados o con una lámina adherida ofrecen más protección que los cristales sin ningún tratamiento.
Muchas gafas de sol baratas o falsificadas no aportan protección UV y son más peligrosas que no llevarlas, porque el oscurecimiento hace que las pupilas se abran más y los rayos UV pueden llegar al interior de los ojos con mayor facilidad.
Este es un problema especialmente para los niños pequeños a quienes no se les suele comprar gafas de sol costosas. Si sospechas de tus gafas, en una buena óptica te dirán si lleva protección o no.
Los rayos UVA y UVB llegan hasta 30 centímetros bajo la superficie del agua. Por tanto, al nadar seguimos expuestos. Sin embargo, mucho bañistas se encuentran frescos en el agua y creen que están protegidos.
Recuerda que por el bien de los ecosistemas marinos es mejor bañarse en cuanto se llega a la playa, secarse y aplicarse después la protección solar. Si primero te pones protección solar y luego te bañas, estarás dejando parte de la crema en el agua, donde no hace ningún bien, y da casi igual si es un producto natural con filtros minerales o una convencional con filtros químicos.

La piel de los niños es significativamente más fina. Se ha demostrado que la cantidad de quemaduras solares en la infancia está estrechamente relacionada con un mayor riesgo de cáncer de piel.
Es recomendable que los niños se protejan a fondo con crema natural o ecológica de calidad, y que se pongan sombreros y ropa adecuada. Los bebés no deben exponerse al sol directo en el primer año de vida.
50% de la radiación UV puedes recibir incluso bajo una sombrilla.
Si empiezas a utilizar un protector solar en abril puedes usarlo hasta octubre sin darle muchas vueltas. Pero si se trata de un bote del año pasado que ha hibernado y espera una segunda oportunidad, ten en cuenta las siguientes informaciones que se encuentran en la etiqueta:
“Consumir antes”: Las botellas de crema solar tienen impresa la fecha de uso, que es el tiempo que puede durar sin abrirlas. Como regla general, la vida útil es de 30 meses a partir de la fecha de fabricación. Los fabricantes garantizan la eficacia hasta ese momento.
Símbolo del frasco: ¿No lo habías visto? El dibujo de un frasco abierto con un número al lado indica cuánto tiempo puedes usar de forma segura el protector solar abierto. Por lo general esta cifra es 12 M (12 meses).
Según un informe realizado por Ecologistas en Acción, muchas marcas incluyen ingredientes tóxicos en sus protectores solares. Esta organización recomienda evitar los siguientes:
Octinoxate: Actúa como una hormona y podría perjudicar el sistema reproductivo y la tiroides, y causar alteraciones de comportamiento.
Homosalate: Es uno de los más utilizados a pesar de no proteger frente a los rayos UVA. Según estudios médicos in vitro, puede ser un contaminante hormonal: interfiere con estrógenos, andrógenos y progesterona, y actuaría como antiandrógeno.
Octisalate: Aumenta la absorción y duración en la piel del protector solar, pero puede dañar el sistema inmunitario y provocar alergias.
Retinyl palmitate: Muy común también en productos de cosmética, como cremas antiaging. Su uso puede causar la acumulación de un exceso de vitamina A, que no es inocua, ya que puede incidir en el desarrollo fetal y provocar malformaciones.
PABA y OD-PABA: Son disruptores endocrinos y pueden aparecer con otros nombres.
Octocrylene: Puede provocar dermatitis graves al ser expuesto a la luz, por lo que resulta paradójico que se use en cremas solares. Se acumula en los tejidos corporales.
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