No hay nada que me guste más que platicar con excéntricos o excéntricas, saber cómo piensan, conversar a propósito de su infancia, de qué manera superaron sus crisis existenciales y cuáles han sido sus logros a pesar de sus soledades que les causan tantas excentricidades.
Con esa finalidad entrevisté a la escritora mexicana Rosalía Martín del Campo y Souza, merecedora de varios premios y menciones honoríficas. Es autora de tres libros, dos de cuentos y una novela recientemente publicada: “La vida de una excéntrica feliz”, la cual me sedujo desde las primeras páginas. Conforme avanzaba en la lectura, me decía que Rosalía era una sobreviviente de una familia sumamente conservadora, “snob”, como el tío Antonio Souza, el gran galerista de pintores famosos; católica, apostólica y romana, pero sobre todo excéntrica, como era el abuelo mágico, enamorado de las estrellas, quien muriera cuando su nieta apenas tenía siete años. A partir de esa pérdida, junto con la de su abuela, Rosalía dice que se le acabó la magia y se le apagaron las estrellas, pero que de alguna manera su vida tenía que seguir siendo mágica.
¿Qué fue lo que la salvó de la tristeza y de una extraña orfandad?, la escritura: “Voy a ser valiente, de plano me voy a encuerar y a escribir todo en mis libros, no quiero ser igual a nadie, quiero ser yo, atreverme a ser yo. Para mí escribir es una forma de existir, de compartirme, entenderme y de revelarme”, afirma. De alguna manera tenía que rescatar “la chispa de la locura”, la misma que heredó ya que sus abuelos eran primos hermanos. Cuando se le pasan “las cucharadas” en algunas fiestas, se vuelve más platicadora y de pronto recuerda etapas pasadas de su vida: “¿Quién era yo? O ¿dónde andaba yo? O ¿por qué fui así? Mientras no perdiera la alegría y el sentido del humor, te dices: ‘la vida es para vivirse’”.
Rosalía es la segunda de tres hermanos. “Eso es muy difícil, porque de pronto la voz de la mujer, pues… A ver, hasta para elegir, ‘¿a dónde vamos a comer?’, me preguntaban y yo dudaba. Por eso siempre me estoy diciendo: yo soy, yo existo, yo tengo voz y aunque se escandalicen y me digan que nací para choquear, me digo que qué buena onda…”.
A la que Rosalía suele escuchar muy seguido es a su niña interior, sobre todo en sus cumpleaños: “Me veo en el espejo y digo, pues yo creo que me estoy hablando a la nieta que sería yo de mí”. Ella ha vivido etapas “muy canijas”, pero afirma que nunca se le ha borrado la ilusión gracias a que siempre termina por rescatar a su niña interior, que la acompaña a todos lados; he allí su motor y su brújula para seguir escribiendo y escribiendo: “Se vale la melancolía en tiempos en que todo parece complicarse, se vale enfermarse por estrés siempre y cuando no pierda mi alegría, mi sentido del humor, la fuerza de mis quereres. Soy la abuelita del mundo, de mis sueños, de mí misma. Soy la abuelita de la niña que fui y que también me mira desde el espejo”, expresa.
De libro de Rosalía, el cual devoré en tres días, subrayé muchas cosas con las que me identificaba: “He reprobado todas las materias de mi ambiente social y familiar, he sido escurridiza y aislada, una especie de escapista para poder vivir a mi manera”. Sí, la autora, además de ser una enamorada empedernida, es la oveja negra de su familia. La adoran, pero no la entienden, salvo sus sobrinos que viven en España, y tiene muchos amigos “memorables, inolvidables y que son parte de lo que soy”.
Cuando la escritora cumplió 40 años, empezó a vivir una terrible crisis existencial. No salía a la calle, se la pasaba encerrada en su cuarto: “No era para menos, había estado injustamente encerrada y en condiciones deplorables, era un oscuro y peligroso lugar que no quisiera recordar. Unos maleantes vecinos, con muchos contactos e influencia, me habían aplastado”. Al cabo de unos meses, estos maleantes aparecieron encajuelados por Tacubaya. Eran los días en que el papa Juan Pablo II había llegado a México. Rosalía estaba tan confusa que decidió escribirle porque había pasado un verdadero infierno y necesitaba su bendición. Al otro día de haber mandado su mail a la Nunciatura, recibió la respuesta: “Tenga usted la plena certeza de que su Santidad Juan Pablo II le ha leído y le acaba de enviar una bendición especial”.
Desde entonces la escritora Rosalía Martín del Campo y Souza está bendecida por la vida. Por esta razón, es una excéntrica feliz.
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