Arte

Publicado el martes, 14 de diciembre del 2021 a las 04:09
Ciudad de México.-Inmersa en el estudio minucioso de ese monolito llamado Ulises, la novela de James Joyce que sigue sumando adeptos a su culto, la escritora Sofía G. Buzali logró entrever una figura que rara vez sale a la luz.
Ahí, escondida a plena vista entre la biografía del escritor irlandés, se encuentra la vida, todavía más tumultuosa, de su hija, Lucia Joyce, una genial artista de su época cuya flama fue trágicamente sofocada desde la juventud.
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Lo curioso de Lucia es que fue una bailarina profesional que llegó en su momento a hacer un solo, pero que, al final de su vida, a partir de los veintipico de años, estuvo encerrada en distintos hospitales psiquiátricos y que fue diagnosticada con esquizofrenia”, relata Buzali en entrevista.
El desconocimiento generalizado de la historia de la bailarina, ahora relatada de manera extensa por la autora en el libro Mi Nombre es Lucia Joyce, no es una casualidad, sino la consecuencia de un ocultamiento deliberado.
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Me encuentro primero, antes que nada, con la noticia de que Stephen, el nieto de Joyce, decide borrar las cartas y todo lo relacionado entre Lucia y su padre”, relata Buzali.
Al adentrarse en la novela biográfica de la autora mexicana, plena de detalles precisos, pero con las licencias que permite la ficción, no es difícil entender el porqué de esta decisión de la familia Joyce.
Diagnosticada como esquizofrénica a los 22 años, Lucia pasó prácticamente la totalidad de su vida adulta yendo de una clínica siquiátrica a otra, hasta sumar nueve, donde fue sometida a los tratamientos indignos para las personas con enfermedades mentales de la primera mitad del siglo 20.
Antes de ello, sin embargo, Buzali retrata con amplitud la naturaleza artística de la bailarina, que llegó a deslumbrar a los críticos parisinos de finales de los 20 con su danza moderna, y la intensa relación intelectual que sostenía con su padre.
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Ahora, ¿por qué la borraron? Porque, en primer lugar, ‘manchaba’ el nombre de la familia por ser una ‘enferma mental’, según ellos, y, por el otro, había una relación edípica muy fuerte entre Lucia y su padre. Eso es lo que pienso”, reflexiona la escritora.
Aunque ya ha sido abordada en otros libros, como en la biografía seminal de Carol Loeb Schloss, Lucia Joyce, aquí la bailarina es vista desde un sitio inédito: sus propios ojos, como una mujer mayor que recuerda su vida desde la soledad de un hospital siquiátrico.
Para lograrlo, Buzali combina la narración en tercera persona con entradas de un diario escrito por Lucia, emulando la genialidad artística y de lenguaje que formaba parte de su naturaleza y que la llevó, incluso, a inspirar a su padre para hacer su libro más experimental, Finnegans Wake.
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El diario en primera persona, fue una herramienta que utilicé y que me sirvió para poder adentrarme en este mundo de ella, en lo que vivió en la infancia, lo que sentía por la madre, por el hermano, por sus hombres cercanos, enamorados, que tuvo a través de su vida”.
Con Mi nombre es Lucia Joyce, lanzado al mercado por Editorial Dos Líneas, la autora traza un arco de tres novelas biográficas sobre mujeres artistas.
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