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Grupo Zócalo
Publicado el miércoles, 9 de agosto del 2023 a las 04:01
Ciudad de México.- Para Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975) la escritura es paralela a la vida. Ocurre como en un segundo carril pero siempre al mismo tiempo, y en el nacimiento su primer hijo, en 2019, no fue la excepción.
La narrativa a partir de ese hecho definitivo es parte del material que conforma Literatura Infantil (Anagrama, 2023), su más reciente libro.
En suma, la obra se desarrolla como un diario sobre la paternidad, donde además Zambra reflexiona sobre el amor, la amistad entre hombres, la historia de su propio padre, su infancia y adolescencia en Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet, la pandemia y el amor al futbol.
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Para mí escribir ha sido un hábito, un juego, algo que sucedió en la infancia. Me acostumbré a esta segunda vida paralela de la escritura. Por eso fue muy natural: en el momento emocionante de la espera de mi hijo ya estaba yo escribiendo y luego con los meses fue apareciendo la posibilidad del libro”, explica el también autor de Poeta Chileno y Facsímil.
Literatura Infantil es difícil de clasificar, en él convive la crianza de su hijo con una curiosidad genuina por el proceso de aprendizaje y de identidad en formación, así como algunos episodios de ficción y de remembranza de la juventud rebelde.
En él denuncia, entre otras cosas, la discriminación que viven los niños y las niñas en distintos espacios, el periodo intenso y difícil que fue la pandemia y la posibilidad de una especie de reconciliación con los padres.
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Es muy difícil cuando tienes que alimentar, proteger y cuidar a un hijo, no pensar que te alimentaron y te protegieron y a la vez sostener la sospecha de que eso no sucedió, que no te cuidaron bien, que no te protegieron bien, que no te alimentaron bien, es devastador. Puede ser que al tener un hijo te vuelvas nuevamente hijo y las heridas recrudezcan y en el fondo se descontrole incluso tu identidad”, agrega el escritor.
La relación complicada que tuvo con su padre, sobre todo en la adolescencia y cómo se fueron sanando los hilos que les unen a pesar de la distancia -Zambra ahora vive y trabaja en Ciudad de México y su familia sigue en Chile– también se incluyen en el relato.
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En mi generación se dividían mucho las personas de padres presentes y las de padres ausentes, nosotros nos quejábamos de padres ausentes aunque eran padres presentes, lo entendíamos como ausentes porque llegaban en la noche, salían en la mañana y el fin de semana no existían, era una sensación de que la presencia necesitaba silencio obligatorio, otras veces no, había diversión, pero era una presencia excepcional, episódica, progresiva y se volvía más palpable en la medida en que se volvía más opresiva”.
Sin embargo, el autor se opone a asumir que su experiencia se trate de una experiencia generalizada y sabe que sí hay muchas ciudades y pueblos en donde las personas deciden ser padres y madres o no serlo, pero no es el grueso de las experiencias.
Sobre cómo han cambiado las paternidades, Zambra entiende que también está relacionado con cómo están en crisis las masculinidades más tradicionales.
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Hemos crecido con visiones incompletas y simplificadas de nosotros mismos. Hay mucha emotividad frustrada, no solo una dureza impasible que también la hay, pero incapacidad de expresar los sentimientos, en el canon literario, que es un canon masculino, la incomunicación del ser humano es un tema recurrente pero en realidad se concreta casi siempre en tramas entre hombres, solo que como hemos leído esa como una literatura clásica y no como literatura de hombres, parece universal pero es un tema de incomunicación entre hombres”, opina.
Literatura Infantil ya se encuentra en librerías de todo el País.
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