Arte

Publicado el martes, 6 de mayo del 2025 a las 04:05
Ciudad de México.- Detrás de las sugerencias, las formas, los colores y las texturas del arte abstracto hay historia. Una exposición en el Museo de Arte Moderno (MAM) hace un recorrido a través de los años más prolíficos de esta forma de expresión visual a través de la mirada de 47 artistas.
Se trata de una muestra curada por Raúl Rueda, historiador de arte: La Aparición de lo Invisible, Arte No Figurativo en México, que es como se titula también un libro del escritor, ensayista y crítico Juan García Ponce.
Inaugurada el pasado 10 de abril, la exposición reúne una gran cantidad de obras de artistas que se dedicaron a la producción de pintura y escultura abstracta desde la década de los 40 hasta finales de los 70: Gilberto Aceves Navarro, Lilia Carrillo, Arnaldo Coen, Estanislao Contreras, Pedro Coronel, Germán Cueto, Helen Escobedo, Manuel Felguérez, Mathias Goeritz, Ángela Gurría, Carlos Mérida, Rodolfo Nieto, Brian Nissen, Alice Rahon, Antonio Ramírez, Gabriel Ramírez, Vicente Rojo, Kazuya Sakai, Juan Soriano, Maka Strauss, Rufino Tamayo, Beatriz Zamora y Cordelia Urueta, entre otros.
“Buena parte de la colección del museo corresponde a la creación no figurativa, como es de esperarse por la temporalidad del museo, fundado en los años 60, uno de los momentos de mayor auge para este tipo de pintura”, explica el curador.
Rueda, egresado de la licenciatura en Historia del Arte de la Universidad de Guadalajara, advierte que la producción reunida fue concebida en un contexto de transición histórica, entre 1948 y 1978; es decir, entre el final de la Segunda Guerra Mundial y el principio de la Guerra Fría.
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Sabíamos que hubo un florecimiento de la pintura y la escultura abstracta en esa época y queríamos saber qué factores permitieron que este tipo de obra tuviera este movimiento tan vivo en el mercado del arte y en las exposiciones en museos y galerías del país. “El arte fue muy importante en la expresión política de esos años, a pesar de que parezca un panorama solamente político y económico.
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En México, apenas salíamos del movimiento emanado de la Revolución, el muralismo y la Escuela Mexicana de Pintura. Se dieron debates muy interesantes: por un lado el País sigue en esta corriente artística, pero el gran movimiento que se dio de personas y visiones en la segunda mitad del Siglo 20 generó un choque de visiones muy importante”.
Rueda explica que, en la época, Estados Unidos financió una serie de premios, becas y bienales en México y en otros países del Sur de América que favorecían al arte abstracto, que no se consideraba, en sí mismo, político, a comparación con el muralismo.
Por eso los artistas que experimentaban con lo abstracto eran menospreciados antes del auge.
“Los artistas que apoyaban a la escuela mexicana de pintura estaba completamente en contra de este tipo de arte, y una de las intenciones de la exposición fue darnos cuenta de que esta pintura no era apolítica, al contrario, cada artista tenía su propia agencia y lograron beneficiarse por el movimiento internacional que se estaba dando.
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Y al mismo tiempo hacía frente a un país cerrado culturalmente. En los años 40 es cuando David Alfaro Siqueiros, en ese momento a la cabeza de la Escuela Mexicana de Pintura, hizo ese manifiesto titulado: ‘No hay más ruta que la nuestra’. O sea, no hay más ruta que la suya, y los artistas que no pensaban como él, que no pintaban como él en el aspecto institucional, no tenían cabida”.
Pero, poco a poco, explica Rueda, los gobiernos mexicanos de la segunda mitad del siglo 20 comenzaron a promover una economía y una política más abierta internacionalmente, lo que provocó un crecimiento de la clase media y, a su vez, un mayor número de coleccionistas de arte, nuevas galerías y espacios de exposición con visiones distintas, floreciendo entonces el abstracto.
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Es una forma que los artistas buscaron para hablar con otros artistas del mundo, un puente internacional; dejaron de buscar una pintura que fuera meramente mexicana. Ya no les interesaba tanto la identidad, no les interesaba tanto la historia; les interesan más las temáticas que los conectaban con cualquier visión del mundo; cuestiones personales, emocionales, problemáticas que nos atañen a todos, no sólo a los mexicanos”.
La exposición, en ese sentido, se articula en tres núcleos: la relación entre la abstracción y las imágenes del pasado, el proyecto artístico y filosófico detrás de esta corriente, y la relación entre estos artistas con las problemáticas de su presente.
La exposición permanecerá en el MAM (Paseo de la Reforma S/N, Chapultepec) hasta el 31 de agosto.
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