Arte

Publicado el viernes, 17 de septiembre del 2021 a las 04:10
Saltillo.- Durante 30 años la figura del periodista Carlos Denegri dominó la prensa mexicana. De 1940 a 1970 su voz, su pluma y su rostro ancho y redondo llenaban el diario Excélsior y la televisión dando o quitando su aprecio a políticos y magnates a cambio de dinero, convirtiéndose así “en el periodista mercenario más importante de su época”, en “el gato de angora del periodismo nacional” como lo define el escritor Enrique Serna o, como dijo su colega Julio Scherer, “en el mejor y el más vil de los periodistas”.
Su personalidad frente al mundo era engreída y arrolladora, protegido por el manto de impunidad que sus contactos de las altas esferas le otorgaban, pero en la intimidad, lejos de todos, era un hombre que sentía miedo y soledad, una misoginia patológica al lado del alcoholismo, demonios contra los que luchaba encerrado en su casa, mismos que poco a poco lo llevaron a la locura.
Y esa figura tan contradictoria, sometida a los estragos del poder, fue la que interesó a Serna para escribir El Vendedor del Silencio (Alfaguara, 2019), radiografía de una época oscura del país dominada por el régimen del PRI, en cuyo centro se encuentra Denigri, quien terminó convertido en “una figura emblemática de la relación entre la prensa y el poder en la época de la dictadura. No es solo un personaje interesante por los acontecimientos de su vida privada, sino porque hay una correspondencia entre su intimidad y su vida pública: él ejercía el periodismo con una enorme prepotencia, y tenía esa misma prepotencia en el trato con sus mujeres. De modo que en este caso hay un vínculo muy estrecho entre vida privada y vida pública”.
Pero la historia del periodista no es solo suya, tal como ahonda El Vendedor del Silencio, sino la de toda una época en la que los medios de comunicación se sofocaban ante el control gubernamental que, como apunta el mismo Denegri en el libro, “o pega o paga”.
Para él, la decisión era sencilla: callar y cobrar. Para ello utilizó su educación cosmopolita –vivió en Alemania, Nueva York y Bélgica gracias a su padre, el político Ramón P. Denegri–, y creó una inmensa red de contactos que le permitieron, entre otras cosas, entrevistar a Gandhi, Martin Luther King y John F. Kennedy. Eso lo dotó de un nombre que supo vender al mejor postor o, como definió Carlos Monsiváis: hace reverencia a los poderosos y se comporta caciquilmente.
Aún así, lo que los políticos apreciaban más del columnista no era que hablara de ellos, sino que se callara lo que sabía, de ahí el título del libro que se presentará hoy a las 19:00 horas en FILC.
Pluma mercenaria
Para Serna, esa época “de supeditación completa de la prensa al poder político de esa época, que ejercía una férrea censura sobre los diarios” fue un tiempo bastante oscuro “de la vida pública en la que, yo creo, había una aceptación social de la corrupción, porque a pesar de que la gente sabía que Denegri era un canalla y que cobraba dinero por mencionar a gente de su fichero político, de cualquier modo lo admiraban, porque había sabido encumbrarse. Era una época en la que parece que la mayoría de la opinión pública admiraba al más ching*n, independientemente de cómo habían logrado llegar a la cima”, comentó Serna.
Y esa es, quizá, la metáfora más profunda de Denegri, pues el periodista se convierte en la representación del “o j*des o te j*den”. Dejando detrás la ética del oficio que, según agrega el autor nacido en la Ciudad de México en 1959, ha comenzado a sanearse, pero en la que aún quedan remanentes, tanto dentro del gremio como de esas antiguas figuras políticas que buscaban callar a los periodistas rectos que, en el libro aparecen en dos figuras: Julio Scherer y Jorge Pinó Sandoval.
“ Siempre han existido periodistas mercenarios y siguen existiendo, y no solo periodistas sino cadenas mercenarias, lo vimos en el sexenio pasado y en el de Calderón, cuando se dedicaban a inflar la imagen de Peña Nieto en la televisora más importante del país para, como dicen en la jerga de la mercadotecnia, posicionarlo ante la opinión pública”.
Miedo al interior
Si el exhibicionismo casi obsceno del poder era el pasatiempo favorito del periodista frente al mundo, en su vida privada no era diferente. Admirador del político Maximino Ávila Camacho, Denegri se convirtió en un epígono de esos machos mexicanos que sobajó y sometió hasta lo indecible a las mujeres que tuvo, y que murió asesinado en 1970 por su entonces esposa Herlinda Mendoza.
Un síntoma más de esa “intoxicación de poder”, que provocó “los parteaguas existenciales en la vida de Denegri”, el corazón del personaje, un coqueteo con la locura, o como lo define Serna “un proceso degenerativo que fue llevándolo cada vez más a la abyección, pero eso no es algo que se produzca de manera automática en la vida de cualquier ser humano, sino que hay una serie de claudicaciones que yo creo, fueron las que lo arrastraron a lo que se convirtió al final de su vida: un sicópata. Eso es lo que me interesaba narrar”, agregó el ganador del Premio Xavier Villaurrutia 2019 con este libro.
Así, el periodista y la persona, el canalla y el machista patalógico, el misógino y el alcohólico hilvanan una historia en la que se puede ver todo un México, un país que puede definirse en la siguiente frase que Denigri dice a su contraparte, Jorge Piñó Sandoval: “el que se agacha una vez se agacha toda la vida. ¿No has entendido que en este país solo se respeta a los ching*nes?”.
SALA MANUEL ACUÑA
– El Vendedor del Silencio
– De Enrique Serna
– Alfaguara, 2019
– Presentan: Armando Castilla y el autor
– Hoy, a las 19:00 horas
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