Arte

Publicado el martes, 10 de mayo del 2022 a las 03:38
Ciudad de México.- En cuántas mujeres, al momento de ser madres, frustradas y cansadas, no cruza por la cabeza la frase “No tengo tiempo de nada”.
La maternidad es dura, pero está tan romantizada que se ha tejido alrededor de ella un pacto secreto: no decir ni hablar de las dificultades que encaran.
A partir de su propia experiencia con sus hijas e hijos, y tras un trabajo de investigación, las curadoras Helena Chávez Mac Gregor y Alejandra Labastida buscaron “abrir los problemas” de ser madres, y hacerlo desde el campo del arte contemporáneo de los últimos 20 años.
“ Esta no es una exposición celebratoria de la maternidad“, ataja Chávez Mac Gregor, ante un mural de la artista Carmen Winant, compuesto por dibujos de sus hijos y elementos del archivo histórico de la feminista Silvia Federici, promotora en los años 70 del trabajo doméstico remunerado.
Esta instalación abre, en el MUAC, la exposición Maternar, Entre el Síndrome de Estocolmo y los actos de producción.
Un conjunto de 47 obras que, con una mirada social crítica, desvela el reparto desigual del trabajo y del cuidado infantil.
“ Es absurda toda la división de trabajo y la estructura de la familia nuclear que ha impuesto el capitalismo, que no da ni para el cuidado ni para el sostenimiento”, dice Chávez Mac Gregor en entrevista.
En un intercambio epistolar con el artista y cineasta Simon Gush, la curadora le hace saber que la maternidad le genera “mucha frustración y rabia” porque no podía trabajar como antes.
“ Comprendí que la productividad se basaba en la exclusión del cuidado. Esa estructura no sólo es injusta, sino que hace la vida imposible para millones de mujeres”, le escribe en una de las misivas incluidas en el catálogo de la exposición.
Uno de sus ejes de la muestra alude justo a eso: cómo, con la maternidad, se experimenta algo parecido al síndrome de Estocolmo, pero no son los hijos los secuestradores sino un sistema desigual.
“ Bajo los relatos románticos del amor desinteresado se esconde un círculo de precarización del trabajo productivo que se asemeja a un síndrome de Estocolmo”, expresan las curadoras.
Y es que la maternidad es dura y difícil, pero romantizada por los discursos ideológicos tanto culturales como estatales. El estado necesita la reproducción de la vida para poder continuar.
Las 47 obras exhibidas en la muestra, que también contó con la curaduría de Claire Fontaine y de Gush, apenas representan del 30 al 40 por ciento de lo hallado en la materia por las curadoras, y dan cuenta de cómo la experiencia de la maternidad está presente en el trabajo de los artistas de una forma crítica.
La compañía alemana Flinn Works, dedicada a temáticas feministas y poscoloniales, creó para la exposición una videoinstalación acerca de la subrogación del embarazo. Con actores, representa los distintos roles en la dinámica de los “vientres de alquiler”: desde una pareja gay que desea un hijo hasta la mujer que dirige una clínica de subrogación.
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