Saltillo Región Sureste

Publicado el viernes, 12 de diciembre del 2025 a las 00:04
Ramos Arizpe.- Durante más de medio siglo, en las inmediaciones del súper Yolis, bastaba ver una charola sencilla y el rostro afable de un hombre de mirada serena para saber que ahí estaba Don Pancho, el vendedor de lonches de aguacate que alimentó a generaciones de ramosarizpenses y se volvió parte de la identidad cotidiana del municipio.
Francisco Aguilar Coronado, originario de Villa de Arista, San Luis Potosí, llegó a Ramos Arizpe en 1960 con la determinación de construir un futuro propio.
Su primer empleo fue en la construcción; años después, la vida lo llevó a Monterrey, pero regresó para establecerse definitivamente en el municipio que adoptaría como hogar. Junto a su esposa, Doña Margarita Cisneros Martínez, abrió una de las primeras tiendas de abarrotes de la ciudad y sacó adelante a sus cinco hijos con esfuerzo y constancia.
Con el tiempo, su nombre comenzó a resonar más allá del negocio familiar. Sus lonches de aguacate, preparados con la misma dedicación día tras día, se transformaron en un símbolo local.

Deportistas como los integrantes del equipo de béisbol Los Chileros de Ramos Arizpe y estudiantes de la primaria Eufrasio Sandoval se volvieron clientes habituales. Para muchos, el lonche de Don Pancho no era solo un alimento económico y generoso, sino el sabor de la infancia, de la juventud, de los años que se quedan grabados en la memoria.
Su trayectoria comercial se extendió por más de 56 años, una vida entera dedicada a atender, escuchar y acompañar la rutina de una ciudad en crecimiento. Por ello, estaba programado para recibir el 13 de mayo la presea Miguel Ramos Arizpe, reconocimiento otorgado a pioneros del comercio local.
Una distinción merecida que celebraría su aportación silenciosa pero profundamente significativa al tejido social del municipio.
La tarde de este jueves, Don Pancho, de 82 años, se desvaneció sobre el bulevar Jaime Benavides Pompa. A pesar de la rápida atención de Protección Civil y Bomberos, ya no contaba con signos vitales. Su fallecimiento, presumiblemente por causas naturales, dejó un hueco inmediato en la comunidad.
Hoy, Ramos Arizpe despide no solo a un comerciante, sino a un personaje entrañable cuya presencia marcó la vida diaria de cuatro generaciones.
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