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Fallece Eloy Cerecero, el padre y maestro de artistas; deja importante legado pictórico

  Por Christian García

Publicado el sábado, 12 de agosto del 2023 a las 04:03


Despide gremio cultural al reconocido muralista que trabajó junto a Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros

Saltillo, Coah.- “He visto muchos episodios históricos, pero el último que me tocó fue la pandemia; he tenido una vida larga”, dijo el muralista saltillense Eloy Cerecero a Zócalo el año pasado, durante la inauguración de su última muestra: Bitácora de Juicios, en el Centro Cultural Vito Alessio Robles. Una serie influenciada por el encierro, pero también por la libertad después de la cuarentena.

En aquél momento comentó que “ese tiempo (los dos años de cese de actividades) lo utilicé también para pintar mis otros cuadros, pero todas las pinturas son un recorrido por estos dos años. Por eso la última que hice es esta, en donde se abren las puertas”, unas que quizá lo reciben ahora, luego de su muerte, la cual acaeció sobre el muralista ayer, a sus 93 años.

Nombre esencial de la plástica coahuilense, Cerecero nació en Saltillo, Coahuila, en 1929, pero su trayectoria en la pintura inicia en la Ciudad de México, a donde el futuro pintor se mudó para encontrarse con su destino, uno dibujado con líneas gruesas y trazos que dieron forma al Frente Nacional de Artes Plásticas, junto a nombres clave de la pintura nacional como Francisco Goitia, Jorge González Camarena, David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera.

Lo cual le serviría para que, en 1951 trabajara junto a la muralista saltillense Helena Huerta el mural de la Universidad Autónoma Antonio Narro. Sin embargo fue en la capital mexicana cuando, en 1956, el pintor debutó como artista en una exposición individual que se llevó a cabo en la primera sede del centro cultural Casa de Coahuila. Unión perfecta de las dos tierras que habían cobijado el talento de Eloy: el de su cuna de vida, y el del pilar que sostendría su pincel.

“

La Ciudad de México fue donde definió su gusto por la pintura y, por méritos propios, consiguió desarrollar mucho su trabajo en la pintura y donde conoció a sus compañeros y a otros grandes maestros”, apunta Alejandro Cerecero, hijo de Eloy, quien añade que “su legado fue haber traído ese conocimiento a Coahuila porque regresó en los 60, y comenzó a crear una nueva escuela figurativa en Coahuila”.

Para el también pintor, su padre cimentó una nueva tradición en la plástica del estado, ya que está estaba influenciada primeramente “por Rubén Herrera y su escuela impresionista europea. Mi padre llegó con una escuela que partía de un realismo social, algo que no existía aquí en el norte. Si Rubén Herrera dejó alumnos que pintaban paisajes, naturalezas muertas y bodegones, mi padre buscó que su obra y enseñanza manifestara un realismo social que él había aprendido de estos otros pintores”, detalló Alejandro, algo que complementa con otra cita que su padre dijo al inaugurar Bitácora de Jucios: “yo pertenecí al Frente de Artes Plásticas en donde el mensaje siempre fue la creatividad y las ideas, y de ahí siempre seguí mi camino”.

A su regreso, Cerecero dio clases de pintura en el Centro Regional de Instrucción Artística, “donde se impartía teatro, danza y pintura, dirigida por Lourdes Valdés. Ahí mi padre comenzó a formar a algunos artistas que seguían esa línea de preocupación por cosas que no solo fueran el gozo estético y visual. Aunque él también incursionó en aspectos de la escenografía”.

Además de ello, Cerecero abrió algunas de las primeras galerías de arte que hubo en la ciudad en la década de los 60. Para, posteriormente, convertirse en el director de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Autónoma de Coahuila, en los años de 1975 a 1978, que dio paso a una fuerte temporada creativa que llenó la década de los 80, participando en encuentros como el Festival de Cultura de Acapulco, en 1988.

 

Padre, pintura, pincel

Sin embargo, otra de las facetas de Eloy Cerecero, más allá de la del pintor y el docente, es la de un padre que siempre dio libertades a sus hijos. Tanto así, que “nos impulsó por el arte, es algo que llevamos en la sangre”, como apunta Alejandro, quien comparte el oficio con su padre y con su hermana Adriana.

Para Alejandro, la figura de su padre fue esencial en su interés por el arte. Uno que, más allá de ser intelectual, fue de experiencia vital, como la de una anécdota que recuerda con cariño y, siempre carcajadas pues “cuando yo era muy pequeño, mi padre tenía un bote de pintura politec, y yo me comí ese frasco de pintura amarilla que afortunadamente no era un producto tóxico, por eso digo que llevamos la pintura en la sangre”.

Aún así, la mano firme de artista endurecida por el uso del pincel y manchada por la pintura, siempre guió al pequeño Alejandro en el camino del arte, en todas sus facetas. Una de ellas es, por ejemplo, un libro de mitos griegos que su padre poseía en su biblioteca y que, al leerlo, lo influyó de forma rotunda, tal como queda manifiesto en la exposición Por Ejemplo los Griegos…, la más reciente de Alejandro, que se expone en la Taberna El Cerdo de Babel. Un homenaje a la memoria de los libros y de su padre.

En esas memoras, si el pintor escarba, encuentra otra: “cuando vivíamos en la Ciudad de México, caminando por Ciudad Universitaria, entramos a una galería en donde recuerdo que vi una pintura abstracta que yo no entendía, pero que él con toda tranquilidad me explicó su significado de colores, formas… cosas que se me quedaron bien grabadas, hasta ahorita”, como explicó a Zócalo.

Finalmente, quizá el mayor consejo que su padre le dejó a Alejandro y su hermana Adriana fue la de siempre seguir sus ideales, mantenerse firmes en “nuestra forma de pensar”, porque “nunca nos dijo que no pintáramos algo, que se debía de hacer de tal forma, jamás. Siempre respetó nuestras formas de pintar, de hacer lo que queramos en nuestro arte. Yo admiro mucho ese respeto ante la libertad artística”, concluye su hijo.

Así, Alejandro Cerecero recuerda a su padre: un hombre que a sus 93 años se mantenía lúcido y, sobre todo, creativo, tanto que apenas el año pasado presentó los trabajos que hizo durante tres años de pandemia. Uno que el mismo Alejandro respeta “porque él es el verdadero modernista del arte coahuilense”, tal como muestran sus pinturas.

Unas obras que igual reflejaban la lucha por el bienestar comunitario, que la comunión del cuerpo con el espíritu como en Padre Nuestro, una pintura que muestra dos manos en el cielo, porque en su obra “siempre hay algo de, no religiosidad, pero sí espiritualidad”, como las que muestran esas manos que, quizá ahora, lo reciben allá.

 

Despedidas

El ámbito cultural no dejó de lamentar la pérdida de uno de los artistas más conocidos del estado, tal como lo dio a conocer la Universidad Autónoma de Coahuila, quien dio a concoer la muerte del muralista con un mensaje en sus redes sociales.

La Casa de Coahuila, lugar donde Cerecero tuvo su primera exposición individual, expresó que “lamenta el sensible fallecimiento del Maestro Eloy Cerecero Sandoval, pintor y muralista saltillense cuya exposición inauguró las actividades culturales de nuestra casa en la primera sede, Reforma 20. Nos unimos al dolor de su esposa Yolanda Alvarado y de la familia Cerecero Alvarado y les abrazamos con cariño”.

Asimismo, el Archivo Municipal de Saltillo también lamentó “el sensible fallecimiento del maestro Eloy Cerecero Sandoval, destacado artista plástico, amigo del Archivo y colaborador de la Gazeta.El Archivo se une a la pena que embarga a sus familiares y amigos. Las más sinceras condolencias. Descanse en paz”.

Por su parte, Darío D’Aguillón, director de la Escuela de Artes Plásticas Rubén Herrera despidió a Cerecero con el siguiente mensaje: “Descanse en paz el gran Maestro Eloy Cerecero, gran referente de la plástica mexicana, ex director de nuestra Escuela, creador hasta sus últimos días.

Desde hace algunos meses está en marcha un proyecto para honrar su vida y obra, con el que el Maestro estaba muy entusiasmado. Seguiremos trabajando para concluirlo y así rendirle un muy merecido homenaje”.

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