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Coahuila

Falsas detenciones

Por Wendoly Villarreal Villarreal

Hace 3 años

La decadencia social en la que nos encontramos los mexicanos, contrasta con los tiempos del humanismo que viven los países del primer mundo, tiempos con los que solo podemos soñar los ciudadanos de a pie, instituciones que no se aplican, sólo la apariencia del buen derecho, torcida por los operadores del proceso de investigación de delitos, que solo dejan que los pobres estén en la cárcel cumpliendo penas, porque los ricos tienen dinero que usan para no pisar la prisión.

Las detenciones, últimamente semejan a la cacería de brujas en tiempos de la inquisición, el esclarecimiento de los hechos considerados como delitos y la impartición de la justicia, varían por tiempo, espacio y la sociedad de que se trate; por eso no podemos desestimar el principio de la presunción de inocencia, que aspira a que ningún inocente esté cumpliendo una pena injustamente, asegurando la prevalencia del Estado de derecho y la supervivencia de la sociedad en la que se garantiza; sin embargo a los encargados de investigar los hechos presuntamente delictivos se les olvida, o mejor dicho no tienen la menor idea, ni respeto por las instituciones que juraron hacer cumplir. 

Coahuila vive hoy un desprecio por las instituciones jurídicas, o como dijera el famoso dicho, se las pasan por el Arco del Triunfo y no precisamente el de París, pues, supuestamente las distintas corporaciones policiacas, siguen líneas de investigación que los llevan a una serie de células criminales fantasmas, a castillos de humo con los que pretenden justificar su trabajo y su existencia como corporación, sin considerar el daño que le hacen a la ciudadanía.

Por ejemplo, resulta que investigan delitos que tienen que ver con el tráfico de droga y sus derivados, pero, para sorpresa de todos, hacen investigaciones en base a inteligencia aplicada, hasta aquí todo bien, pero cuando revisas esas “investigaciones” resulta que son puros chismes arrancados por tortura a las desafortunadas personas que tienen apariencia de delincuentes, ¿Cómo es esto?, sí, los detienen solo por su aspecto, por tener tatuajes, vestir o caminar como delincuente, entonces lo consignan al Ministerio Público y éste lo imputa de algún delito que no cometió.

La primera parte de la ecuación es correcta, investigar al crimen organizado, a los delincuentes e infractores de la ley; pero, ¿cuándo esto se vuelve un problema?, al consignar  personas por pensar que son delincuentes, se preguntará usted, ¿y el principio de inocencia?, pues brillando por su ausencia; crudamente se considera todo aquello que alguien dice mientras es torturado y se vuelven juez y parte, con su sola apreciación deciden quien es culpable o no, y para poder taparle el ojo al macho en cuanto al principio del debido proceso, inventan una teoría del caso, que cumpla con los requisitos exigidos por el sistema penal actual, es decir, burlan el sistema a base de mentiras.

Al parecer, gracias a un poder sobre natural que solo tienen los policías de saber quién es delincuente, los exime de investigar adecuadamente, de generar unas serie de datos fehacientes, obtenidos legalmente, por el contrario, solo detienen a personas con lujo de fuerza bruta, inclusive catean su vivienda sin orden alguna e impunemente se la llevan cual si se tratara de un animal rabioso, le inventan un delito, le plantan evidencia, generan diligencias ilegales, les arrancan confesiones mediante violencia y los hacen declarar sin defensor.

Encontrar a un detenido se vuelve un viacrucis, traen a los familiares de una corporación a otra como una pelotita que rebota por todos lados, negando que tengan a la persona a su disposición, cuando lo logran contratan a un abogado que lo defienda, el Ministerio Público ilegalmente obstaculiza la defensa adecuada, incomunica al detenido para que no hable con su defensor, no le permite el acceso a la carpeta de investigación, no recibe datos de prueba ni permite que se generen durante el término de las 72 horas, alegando cargas excesivas de trabajo, cuando nunca están en su oficina y pone al imputado frente a un juez con una imputación de mentiritas.

Para el supuesto sin conceder, de que hubieran detenido a un verdadero delincuente, al llevarlo ante el juez con puras falsedades, genera en la sociedad esa sensación de atropello e injusticia; que lástima que la realidad no pueda ser juzgada, que un delincuente crea que es inocente de sus acciones porque cuando finalmente va a enfrentar la justicia, no es por los hechos que si realizó, que sean puras mentiras lo que se le imputa y no la verdad; que eso, legitime a un delincuente a clamar justicia para sí y no para la sociedad a la que perjudica; todo porque en algunos casos los policías y los Ministerios Públicos, hacen gala de la Ley de Herodes, hacen como que trabajan, pero nada más solapan la impunidad, pisotean el artículo 128 del Código Nacional de Procedimientos Penales, y pervierten el debido proceso.

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