Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Devela Senado retrato de Fernández Noroña Corte tumba superfacultades de gobernadora Sansores en licencias de “obras de gran impacto” Captan auto con forma de plátano por Periférico de Torreón | VIDEO ICE lanza gases lacrimógenos contra activistas en Mineápolis; crece la tensión Realizan labores para combatir incendio en basurero de Tapachula; investigan si fue provocado

Zócalo

|

Clasificados

|

Información

< Clasificados

Clasificados

Familia Nakashima, dueños de una colorida tradición

  Por Redacción

Publicado el lunes, 8 de febrero del 2016 a las 16:00


Los Nakasima, una familia que encumbró varios negocios reconocidos por los saltillenses.

Rosalío González / Saltillo, Coah.- Camina por el pasillo estilo oriental con puertas en forma de arco, trae los recuerdos presentes y dispuesta a contarlos, doña Lilia Villafuerte es la matriarca de la familia florera por tradición en Saltillo, los Nakasima, una descendencia de japoneses llegados a México durante la Segunda Guerra Mundial.

“Mi padre anduvo primero por Guadalajara y después se vino a Saltillo por puros azares del destino”, cuenta Eduardo Nakasima, el hijo de don Luis, como le gustaba que le dijeran al fundador de las florerías.

“El verdadero nombre de mi padre era MitsugoTadashi Nakasima, pero como en México le hacían burla, se puso Luis”, comenta Lilia, otra de las hijas.

EL PRIMER NEGOCIO

Una característica de las culturas orientales es su capacidad para comerciar, así que llegando a Saltillo, don Luis Nakasima inauguró su primer negocio, donde vendía dulces de leche y alaskas, un postre de raspado de hielo; después comenzó a elaborar nieve.

“La nieve en ese entonces se hacía a mano, batían los ingredientes con las cucharas adentro de unos barriles de metal”, comenta Eduardo.

Pero no se trataba de un comercio más de nieve, “mis padres le pusieron su toque a lo que vendían”, y bautizaron famosos platos como Tres Marías, Scream Soda y Paricutín.

Este último era una pirámide de bolas de nieve, “tres abajo, dos en medio y una arriba”, a la que en la punta le ponían un cubo de alcohol con azúcar y le prendían fuego. Por otra parte el Scream Soda era una bola de nieve sabor vainilla con refresco de naranja.

Con este ingenio, los Nakasima lograron atraer a todo tipo de clientes, entre ellos el exgobernador del Estado, Óscar Flores Tapia, quien visitaba el negocio entonces instalado sobre la calle Aldama entre Xicoténcatl y Obregón.

“Mi papá le mandaba nieve al exgobernador para que se le pasaran más dulces los problemas”, dice Eduardo, a manera de broma.

LA DINASTÍA

En 1948 don Luis Nakasima y Lilia se casaron en Saltillo, ella de 15 años y él de 18, fundaron un matrimonio que se complementó en todos los aspectos de la vida, sobre todo en la visión como empresarios.

“Mi padre ponía los negocios, pero mi madre era la que ayudaba a trabajar y era la que le ponía lo especial a todo”, comenta Lilia Nakasima.

En la nevería fue ella quien comenzó a experimentar con los platillos y en 1966, cuando pusieron la florería, fue también ella quien comenzó los diseños de todos los arreglos florales que se hacían.

La florería Nakasima tiene 50 años de haber sido fundada sobre la calle Victoria, “el negocio de la nieve lo abandonaron porque es de temporada, entonces hay época en la que se vende y otra en la que no”, platica Eduardo.

Doña Lilia observa a sus hijos narrar sus recuerdos como algo cercano, algo suyo, tan suyo como que lo vivió, los va refrescando, alimentando; atrás de ella una fotografía de su esposo, Luis Nakasima, fallecido hace nueve años, también los está observando.

El matrimonio Nakasima Villafuerte tuvo ocho hijos: Esmeralda, Midori, Marco, Carmen, Carlos, Luis, Lilia y Eduardo.

En la actualidad hay siete florerías propiedad de los hijos y nietos del matrimonio y desde luego la central, la primera.

EL ABRAZO

Para este momento de la entrevista, los teléfonos han sonado una docena de veces solicitando pedidos, justo sobre ellos una fotografía de don Luis y doña Lilia da paso a otro recuerdo.

“Mi padre era chaparrito, le llegaba a mi madre como al hombro y más abajo si ella se ponía tacones”, dice Eduardo mientras observa la fotografía. Todos ríen, doña Lilia por fin sonríe y brilla aún más su belleza.

Ella es descendiente de franceses, es alta, de piel blanca y siempre se arregla para recibir a sus clientes. “Este negocio tiene mucho que ver con la estética, entonces tengo que vestirme bien para que los clientes se vayan siempre con una buena imagen”, explica.

ETERNIZADORA DE FLORES

Armonizados por las risas y carcajadas, los Nakasima son una familia con bastante humor, bromean por casi todo y los recuerdos que reviven los remontan a su infancia.

Esa infancia en la que vieron a su madre eternizar las flores. “Mi madre tenía una técnica para eternizar las flores con parafina”, dice Eduardo mientras observa las manos de doña Lilia, perfectamente cuidadas.

“Yo caliento cera y cuando está a una temperatura adecuada meto las rosas para que se conserven bien todo el tiempo que se requiera”, narra la señora.

“Lo más bonito eran los ramos de novia con rosas blancas y bañadas con parafina, es algo muy bonito y que sólo hacía mi madre porque se necesita saber bien para que la flor no se queme o se vea toda la cera embarrada”, continúa Eduardo.

Y a medio siglo de comenzar a vender flores y con 85 años, doña Lilia sigue diseñando los arreglos florales, eternizando flores; sus favoritas son las rosas, que para esta hora ya están en su escritorio esperando el momento para salir a su destino, mientras ella con su abrigo café, sus tres teléfonos y un peinado intacto las despide.

Notas Relacionadas

Nuestro Objetivo es ganar el sábado: Fran Villalba

Hace 4 dias

Más sobre esta sección Más en Clasificados