“Cuanto más avances, tantos más lazos encontrarán tus pies. El sendero que a la meta conduce está iluminado por una luz única, la luz del arrojo, que arde en el corazón”.
E. P. Blavatsky
Se ha acusado a los videojuegos de ser el origen de la violencia y sin embargo el jueves pasado más de 50 jóvenes se reunieron en la plaza Nueva Tlaxcala de Saltillo para celebrar batallas sin ella. El farmeo del aura es una representación donde las plataformas digitales adaptan la teoría del filósofo alemán Walter Benjamín quien en su ensayo “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, la define como el carácter único, místico y auténtico de una obra de arte aquí y ahora.
A partir de los videojuegos; la generación Z traslada el Aura del mundo de los objetos a la identidad y reputación digital de las personas. Farmear en los videojuegos significa acumular puntos de manera repetida hacerlo con el Aura consiste en realizar acciones para incrementar ese atractivo genial ante los otros.
Según Guy Debord el capitalismo tardío degradó la experiencia humana en tres etapas: ser, tener y parecer. Este último, es cuando en la sociedad del espectáculo no importa quién eres ni cuánto tienes sino la imagen de lo que aparentas. De hecho, la meta de “verse genial sin esforzarse demasiado” crea una paradoja debordiana donde el individuo alienado pasa horas ensayando una pose de desinterés absoluto para luego hacerlo objeto de consumo de la audiencia digital.
Sin embargo, al trasladarlo al espacio público y pararse a impostar lo que se ensayó antes se transforma en un fenómeno de resistencia contracultural que se apropia de él, realiza una sátira a la cuantificación digital y rechaza de manera expresa la violencia tradicional.
Desde una perspectiva estética la reapropiación del estilo es una afrenta directa a la homogenización cultural impuesta desde el consumo y obliga a una visualización de grupos marginados. Esta burla a las jerarquías estéticas impuestas es un acto de liberación contra el deber de producir valor económico cuantificable.
Ante un fenómeno que no entendemos del todo podemos optar por respetarlo y ver sus posibilidades revolucionarias o convertirnos en ese viejo dogmático a quien combatimos cuando éramos adolescentes.
Es posible soltar las manos
renunciar a ti misma
mimesis y catarsis
Barrer la luz con los pies calzados
ir donde tú
y tocarte
Desamparar el zurrón,
deleitarse
mi mundo ideal, utopía, mi
aura.
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