Laura Espinosa García, estudiante de música en Klagenfurt, Austria, y una de las firmas jóvenes de Espacio 4, escribe en la edición 710 sobre el costo de la ropa barata, la moda rápida y su efecto: un desastre ambiental de proporciones épicas. La explotación laboral y la esclavitud infantil, advierte, son prácticas comunes en una industria cuyo crecimiento convierte en millonarios a unos cuantos.
“Detrás del prestigio de grandes empresas de la moda, con sus lemas que aseguran que el consumidor no solo obtendrá una prenda sino estatus social, autoestima y ‘estar a la moda’ a un menor precio, se oculta una serie de ilegalidades que a pocos parece importar: trabajo infantil, mujeres explotadas, salarios deplorables –hasta siete veces menores al mínimo– jornadas brutales y carencia de seguros sociales, entre otras tantas violaciones a los derechos humanos.
“Países como Italia, Reino Unido, China, India, Bangladesh, México, Argentina, Brasil, Chile y Etiopía, por mencionar algunos, han sido escogidos por las casas de moda para establecer sus fábricas textiles. En parte, por los bajos costes de manufactura, suministros y rentas, pero también por la corrupción que permite burlar normas medioambientales, pago de impuestos y leyes laborales.
“En el mundo capitalista de hoy, los grandes consorcios utilizan estrategias de venta basadas en estudios cerebrales que indican que las compras liberan sustancias como la dopamina, las cuales provocan satisfacción a corto plazo. Aplicando estas estrategias logran que una sociedad insatisfecha intente sentirse más feliz comprando más y más. Lamentablemente esta supuesta ‘felicidad’ es pasajera.
“Música, olores e imágenes son algunas de las estimulaciones que se utilizan para engañar nuestros cerebros, creando una ‘necesidad’ que nos convierte en homo consumere (del latín homo = hombre y consumere = consumir).
“Es a lo que se le llama una muy bien utilizada mercadotecnia. Los llamados Influencers juegan un papel importante en convencer a la gente de comprar, por lo que pueden ganar hasta 5 mil euros por un solo video en el que promocionan una marca.
“Y es que el impulso reflejo de compra no es casualidad, sino una respuesta de estímulo recompensa (satisfacción), la cual forma parte de la llamada “neuroeconomía.
“Las empresas lo saben y utilizan ese conocimiento para manipular a las masas. Precios bajos + estimulación cerebral + divulgación en las redes sociales = empresas millonarias. Internet es el nuevo centro comercial.
“Todos los años se venden unos 56 millones de toneladas de productos textiles en el mundo. Europa, que mantenía sumas discretas de consumismo desde el 2000, las duplicó.
“Se estima que para el 2030 estas compras serán cinco veces mayor, debido al tiempo de fabricación que cada vez es menor. En promedio, la producción de una prenda se tarda solo un par de semanas y su bajo precio se debe la mala calidad de los materiales y al escaso costo de manufactura.
“Un dato curioso: muchos de los compradores nunca llegan a ponerse las prendas adquiridas, pues dejan de ser tendencia, de ‘estar a la moda’, en poco tiempo y son desechadas.
“Los emporios de la moda rápida han logrado cambiar sus colecciones en lapsos muy cortos de tiempo, lo que incrementa la enajenación de la gente asidua a las compras por obtener los nuevos artículos.
“La producción cambia tan rápido que los consumidores en Europa regresan a la tienda unas 17 veces por año, ya que no se quieren perder nada. Por el contrario, a otras tiendas el comprador regresa unas tres o cuatro veces al año.
“Todo está cronometrado para no perder el tiempo, no hay duda de que todo es copiar y pegar, por eso me fui”, dice en entrevista Marine Olasia, francesa estilista y exdiseñadora de Berschka, una empresa del Grupo Inditex.
El tiempo se vuelve un enemigo en este consorcio, por lo que los diseñadores se vuelven “espías” y son enviados a “viajes de inspiración” en los cuales compran prendas de diseño caras y confeccionan copias de bajo costo. A estos trabajadores se les capacita sobre todo en los derechos de autor, para no tener problemas legales.
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