Arte

Publicado el lunes, 9 de octubre del 2023 a las 08:04
Monterrey, NL.- En el cuento “El corazón delator” de Edgar Allan Poe, un hombre acaba convirtiéndose en homicida por su obsesión cruel y despiadada contra el ojo de un viejo. No lo aguanta, le parece repulsivo, al grado que comete el crimen.
Algo así sucede dentro de la sociedad, cuando la gente apunta con el dedo aquello que no comprende, aquello que le intimida o que siente como amenaza contra su círculo o su estado de vida. Pero en realidad lo que revela ese deseo de apuntar, de señalar es una inseguridad profunda, tal y como el personaje de Poe, no soporta que su pequeña vida privada tenga que modificarse por el otro.
El miedo a lo diferente es el miedo más antiguo de la humanidad. Por esa irracionalidad se esclavizaron hombres y mujeres, se quemaron a otros en la hoguera, se les lanzó piedras.
Cuestionados al respecto, no son capaces de ver que es en realidad una sola y larga cadena humana de dolor, persecución y discriminación.
De forma reciente, la Feria Internacional del Libro invitó a su programa a los cuenta cuentos del grupo la Percha LGTBQ a que leyeran cuentos con temas de respeto e inclusión que pertenecen a editoriales serias y tanto a autores nacionales como internacionales. Lo que siguió a esto fue un linchamiento fuerte en redes sociales y otros medios contra los organizadores y contra el grupo. Amenazas de violencia que no se pueden medir a bien si se pueden cristalizar o no, porque en la polarización de las redes, en sus gritos de odio, en el encarnizado escudo en el que se puede hablar sin dar la cara, uno no puede saber que sigue.
El comité de la FIL pensó que, si se organizaba un diálogo para explicar lo que es el grupo Percha, qué es un cuentacuentos drag, de qué van los libros, etc., era posible construir un diálogo para sanar a la comunidad y explicar que no hay razones para el miedo. En el público podría haber personas de todo tipo y quizás, sólo quizás, en estos tiempos en los que triunfa el ruido habría entendimiento.
Ya antes hubo censura en el parque El Capitán, los vecinos recolectaron firmas para prohibir la presentación. Creo que puede ser constructivo abrir canales, en lugar de cerrarlos. Dejar que se explique, que esos padres de familia aterrorizados puedan escuchar. Todos y todas tenemos derecho a existir, a que se escuche nuestra voz, a pertenecer y a estar en el mundo.
Como sociedad estamos fallando. Cuando el miedo de la violencia inunda las redes. Cuando no podemos confiar en el otro. Cuando no podemos escuchar. Cancelar eventos es un golpe mediático, no es un acto de valentía. Verónica Roth vende libros da igual a donde vaya, no necesita de la FIL o de la nueva librería a la que asistió. Bravo por ella que tiene ese don de ser escuchada o leída o venerada.
Seamos parte del tejido que sana, que construye, que urde para crear entendimiento. Que visibiliza y lucha para quienes no están a la vista lo estén por medio de los vocablos amados. Somos herederos de Aracne, Atenea, Scherezada.
Al final, nos hemos quedado sin el poder de la palabra o la construcción más humana y justa que da la conversación. Las partes deben y pueden llegar a la mesa de la conversación. Aquí y en todo lugar, porque el mundo ya no aguanta más incendios. La hoguera de la Inquisición nos está matando en el siglo 21.
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