Coahuila
Hace 1 año
En un mundo atravesado por cambios vertiginosos, tensiones sociales complejas y transformaciones tecnológicas sin precedentes, el estudio universitario de Derecho enfrenta un plantemiento fundamental: ¿cómo formar abogadas y abogados que comprendan la ley, que sean capaces de liderar, de transformar realidades y de defender con integridad a sus comunidades, desde una visión profunda de justicia? No basta dominar los cambiantes códigos y procediemientos, hoy el Derecho requiere intérpretes lúcidos del presente, arquitectos de un porvenir más justo y constructores de paz en sociedades fragmentadas. El estudio del Derecho universitario está llamado a dejar de ser un espacio de reproducción normativa para convertirse en un auténtico laboratorio de pensamiento crítico, de defensa activa de los derechos humanos, de análisis interdisciplinario y de innovación jurídica. El Derecho no puede ser eco del pasado, sino una herramienta viva que responda al presente y prepare el futuro. Identificamos al menos cinco grandes desafíos que deben abordarse con valentía, imaginación y colaboración internacional:
1. La actualización entre planes de estudio y la realidad social. La vida cambia más rápido que nuestras aulas; persistimos en formar juristas bajo lógicas del siglo XX o anteriores, mientras la problemática actual, exige un derecho dinámico y anticipatorio. La academia debe convertirse en el radar ético y estratégico.
2. La vinculación internacional. El derecho ya no es local, el ejercicio profesional se desarrolla en un entramado global de tratados, organismos internacionales y estándares transnacionales sin fronteras. Nuestros estudiantes deben comprender los marcos del derecho internacional, litigar ante organismos internacionales, dialogar con otras culturas jurídicas y pensar con visión cosmopolita. La apertura a la movilidad académica es ahora una necesidad formativa.
3. La inclusión y la diversidad como principios rectores. La justicia no puede construirse desde la exclusión. El estudio del Derecho universitario tiene que reflejar una sociedad plural que aspire a servir. Es necesario derribar los muros socioeconómicos, de género, de cultura y territoriales que persisten en nuestras instituciones. No puede haber excelencia académica sin equidad.
4. La formación ética con sentido social. La técnica jurídica, sin ética, puede convertise en una máquina vacía. No se trata de saber litigar, sino de comprender para qué se litiga. Necesitamos profesionales con brújula moral y con vocación por la verdad y por la justicia; constructores de la legalidad con rostro humano.
5. La transformación digital del Derecho. La revolución tecnológica que abraza al mundo reconfigura al Derecho por la digitalización. La brecha tecnológica es también la brecha jurídica, debemos cerrarla con inteligencia pedagógica.
Frente a este panorama desafiante pero esperanzador, agradezco el nombramiento como vicepresidente de vinculación con universidades públicas de México que me ha sido conferido por el presidente de la Federación Iberoamericana de Abogados, el incansable jurista Francisco Morales Olvera. Recibo este encargo honorífico como un llamado colectivo a fortalecer la conexión entre la academia y la práctica jurídica, entre la reflexión y la acción. Hoy, más que nunca, tenemos la obligación de dejar huella que transforme, dignifique y eleve a nuestra sociedad.
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