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Agencias
Publicado el domingo, 3 de abril del 2016 a las 20:01
Palmira.- Las fosas comunes son el símbolo de las mayores barbaries de la historia de la humanidad. Y el autodenominado Estado Islámico y su “califato” del terror las han abierto en Siria e Irak.
Tras la ocupación la semana pasada de la ciudad de Palmira, también conocida como Tadmur, las fuerzas leales al Gobierno del Presidente sirio Bashar Asad se han topado con una gran fosa común con al menos 45 cadáveres, entre ellos los de mujeres y niños.
Según cuentan a la agencia France Presse fuentes militares familiarizadas con el hallazgo, algunos de los cuerpos estaban decapitados, y otros aparecían con orificios de bala.
Entre los muertos hay funcionarios gubernamentales, soldados, miembros de milicias progobierno y familiares.
Las mismas fuentes aseguran que 24 de los cuerpos pertenecen a civiles, y que tres de estos son de niños. Las identificaciones ya han empezado en un hospital de la provincia céntrica de Homs.
Según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, que informa con base en una red de activistas en Siria, el IS ha asesinado a unas 280 personas en Palmira durante los 10 meses de su ocupación del lugar.
Esta atrocidad incluye la ejecución de 25 soldados fieles a Bashar Asad sobre el escenario del teatro de Palmira, a manos de niños, publicada en video el julio pasado.
Un mes después colgaron decapitado al octogenario Jalid Asad, custodio de las joyas arqueológicas de Palmira.
LA SALIDA
El domingo pasado, militares del ejército sirio, respaldados por milicias afines al régimen y apoyados por la aviación de Rusia, lograron expulsar de Palmira a los yihadistas. Se trató de uno de los mayores golpes contra la organización desde que se dio a conocer al mundo en 2013.
Palmira, que acoge un conjunto arqueológico grecolatino que es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, está en un oasis que es encrucijada de carreteras a Homs y Damasco, capital siria, y a la asediada por EI, Deir Ezzor.
Las joyas históricas de Palmira han sufrido daños incalculables por culpa de la iconoclastía destructiva de Estado Islámico, pero más grave está siendo el daño humano que están provocando los yihadistas en sus dominios en Irak y Siria.
Cada vez que han sufrido un retroceso a manos de fuerzas árabes o kurdas, los recién llegados se han topado con enormes fosas comunes llenas de cuerpos. En algunas, incluso, había otros miembros de la organización extremista.
“En Siria, la gente se preocupa de enterrar a sus seres queridos en tumbas, ya que creen que los muertos pueden verlos desde el cielo”, explica a este periódico Abu Mohammed, un activista opositor de la ciudad de Raqqa, que se halla bajo amenaza de EI.
Este joven explica que Estado Islámico hace desaparecer a todo aquel que osa contradecir las represivas normas de su imperio del terror, incluidos civiles. MUERTE A TODOS
En mayo del año pasado, cuando Estado Islámico tomó control de Palmira, medios estatales sirios reportaron que los militantes fundamentalistas asesinaron al menos a 400 personas en los primeros cuatro días tras su ingreso a la ciudad.
El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos dijo que Estado Islámico había matado a numerosas personas al inicio de la captura de Palmira y que las enterró en las afueras de la ciudad.
La agrupación reportó el sábado enfrentamientos entre las fuerzas sirias e insurgentes en los alrededores de Qaryatain, al oeste de Palmira.
La razón de enterrarlos en fosas comunes es para “humillarlos” y “que nunca se sepa de ellos”.

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