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Francia contra Francia

Por Guadalupe Loaeza

Hace 3 semanas

Todos contra todos: enojados, decepcionados, deprimidos, resentidos, pero sobre todo desesperanzados. Estudiantes contra los maestros, padres de familia contra el Gobierno; políticos contra sus congéneres, las izquierdas contra las derechas; los franceses contra los migrantes, los musulmanes contra los judíos, los trabajadores contra los patrones y los jubilados contra los que viven de sus rentas.

Hacía mucho tiempo que no advertía a Francia tan polarizada, especialmente estos últimos días en los cuales los estudiantes han salido a la calle para protestar.

Muchos de ellos afirman que no tienen porvenir: “Lo que está en juego es nuestro futuro”, gritan a todo pulmón; que el Gobierno no les hace caso, que lo único que les importa a los políticos es la próxima sucesión presidencial del año que viene, que nadie los escucha.

“¡Queremos que el Estado nos escuche!”, repiten en las manifestaciones, una y otra vez; que en los baños de los liceos no tienen papel higiénico, que tienen que aguantar temperaturas de hasta 40 grados en verano y menos 10 en invierno, que los maestros faltan constantemente a impartir clases; en las aulas hay más de 35 alumnos, jornadas que van de las 8 de la mañana a las 6 de la tarde; que los profesores suplentes nunca asisten y que se sienten abrumados por una Francia rebasada por sus problemas económicos, políticos y sociales.    Para colmo de males, sus maestros les sugieren abstenerse de usar su móvil y su tableta. Los que viven en las afueras de París ya no aguantan el Metro, ni tampoco el autobús porque justo pasan por donde viven los miles de migrantes en paupérrimas tiendas de campaña de plástico; estos estudiantes de preparatoria están aterrados por los problemas ecológicos que van de mal en peor.

Sí, los manifestantes son violentos, porque piensan que la violencia es la única forma de que el Gobierno los escuche. Pero es inútil, no los ven, los subestiman, el Gobierno no sabe lo que quiere la juventud francesa y menos ahora que los ven tan violentos contra la policía; a estos los atacan por la espalda y los golpean y les dan de patadas.

Todo el conflicto estudiantil empezó el 15 de septiembre, en el liceo Queneau de Villeneuve d’Ascq (norte) y en el Victor Hugo de Caen, donde el principal motivo de enojo eran los horarios sobrecargados.

Dos días después, el 17 del mismo mes, estalló una huelga de maestros por la falta de recursos y personal y los alumnos del liceo Saint-Exupéry hicieron un bloqueo.

A partir de la región parisina, la protesta se extendió poco a poco a todo el país, y como reguero de pólvora la situación se incrementó con mucha violencia en varias ciudades. Para bien y para mal, las redes sociales tuvieron mucho que ver.

Ya para el 5 de octubre empezaron a darse perturbaciones en 589 liceos. Y el 6 de octubre, los sindicatos convocaron a lo que llamaron “un tercer acto”. Para ese momento, ya se habían sumado varias universidades incrementando aún más la violencia.

El ministro de Educación, Édouard Geffray, ya no sabe qué mensajes mandar, se siente acorralado. El Ministro del Interior, Laurent Nuñez, compara los bloqueos de la calle con “violencia urbana” y no con demandas legítimas.

El presidente Macron dice comprender las demandas de los estudiantes, pero está completamente contra la violencia: “nada legitima la violencia”, afirma. Mélenchon, candidato de la izquierda a la Presidencia, entre varios, respondió con ironía y lo acusó de avalar la violencia policial. En el Parlamento están todos contra todos, se gritan, se reclaman, se insultan y se culpan unos a otros: los de la extrema derecha, los de la derecha, los del centro, los de la izquierda socialdemócrata, los ecologistas, los socialistas, los de izquierda radical y los de extrema izquierda.

Las manifestaciones estudiantiles en Francia han tenido un costo catastrófico, según informó Reforma; hasta ayer se reportaron cerca de mil 65 heridos: 215 estudiantes, 89 entre maestros y personal educativo, así como 761 policías y gendarmes, además de 6 mil 600 detenidos, 24 liceos incendiados y 30 mil alumnos sin clases.

Sigue muy delicado el adolescente de 14 años herido de gravedad en la cara por un disparo de lanzagranadas. Y Maël, de 16, perdió la vista de un ojo. No ha habido muertos.

¡Qué tragedia pensar que Francia está contra Francia…! ¿Qué diría Victor Hugo?

 

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