Arte

Publicado el sábado, 14 de marzo del 2026 a las 13:35
Monterrey, NL.- En la actual temporada de los premios Óscar, que se entregan mañana, algunas de las películas más comentadas tienen algo en común: nacieron primero en las páginas de un libro.
De hecho, cuatro de las cinco nominadas este año a Mejor Guión Adaptado están basadas en novelas: Hamnet, Una batalla tras otra, Sueños de trenes y Frankenstein.
Las historias originales pertenecen a Maggie O’Farrell, autora de Hamnet; Thomas Pynchon, autor de Vineland, novela en la que se basa Una batalla tras otra; Denis Johnson, de Una batalla tras otra, y Mary Shelley, de Frankenstein.
Por su parte, aunque ya es un éxito comercial al superar los 200 millones de dólares en taquilla -toda una novedad en tiempos dominados por el streaming-, la adaptación de Cumbres borrascosas (2026), de Emerald Fennell, protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi, ha desatado la crítica de los fans por la infidelidad a la obra literaria de Emily Brontë en la que está basada.
Las principales quejas del fandom -la comunidad de seguidores de un producto- apuntan a que el protagonista Heathcliff, encarnado por Elordi, poco se parece al descrito por la autora británica en su novela, además de que Fennell habría privilegiado la estética por encima de la narrativa.
Elordi, por cierto, interpretó a “La criatura” en Frankenstein (2025), del mexicano Guillermo del Toro. Su actuación le valió la nominación al Óscar como Mejor Actor de Reparto este año.
A diferencia de Cumbres borrascosas, la adaptación del clásico de Mary Shelley recibió buenas críticas por su fidelidad al material original, aunque algunos cuestionaron la duración y el ritmo del filme.
Y es que, en cuanto se anuncia que una obra literaria llegará al cine, el fandom suele preguntarse si la adaptación mantendrá la esencia de su novela favorita. ¿Es esto posible o habría que olvidarse de ello?
Mientras ve una adaptación de un texto en pantalla grande, la audiencia debe estar consciente que se trata de un lenguaje distinto y que se sostiene por sí solo.
“Es muy importante tener en cuenta que la literatura es un medio, y el cine es otro. Son medios distintos y, por ende, dos formas distintas de contar una historia, tienen estructuras distintas y, aunque las bases de la historia son las mismas -principio, desarrollo, desenlace- la manera de la narrativa de cada medio varía”, señala la guionista y crítica de cine Janett Juárez.
“El cine y la literatura tienen sistemas de significación diferentes: el cine es más visual, sonoro, y la historia se cuenta en imágenes, en tanto que en la literatura es la palabra la que crea las imágenes”.
Una novela no puede adaptarse de manera íntegra a la pantalla, considera el especialista en cine Manuel Ayala, académico del Tec de Monterrey.
“La audiencia debe de saber que la obra literaria no puede ser trasladada de manera íntegra a la pantalla grande porque representa un cambio de código (del impreso al audiovisual) muy drástico y severo.
“El libro no tiene límites: el autor escribe páginas de palabras y palabras pero el cine sí los tiene, porque es un medio de producción colectivo al haber mucha gente detrás.
“Un libro de 500 páginas nos daría una película de 500 minutos y eso no es viable, por los sistemas de producción y exhibición del cine”, agregó.
Si algún creativo -director, guionista- quiere llevar un texto a la pantalla, es porque tiene su propia reflexión que compartir, afirma el maestro Genaro Saúl Reyes, crítico de cine y literatura.
“El adaptador no solamente transcribirá a la visualidad una novela. Si alguien quiso llevar esa novela a la pantalla es porque le estaba llamando para que dijera algo propio.
“No va a repetir lo que diga el novelista. Lo que dice el novelista es un punto de partida para que el adaptador diga lo que quiere decir”.
En literatura y cinematografía, indica, hay un término para este fenómeno: la recepción creativa.
“Se trata de la creación de una obra ‘B’, a partir de una obra ‘A’, donde las dos tienen su propio valor. Esto no nos permite decir que una sea mejor que la otra, o comparándolas, sino dándoles su respectivo valor.
“Decir: ‘Es mejor la novela o la película’ es totalmente erróneo porque yo no puedo decir que una es mejor que la otra porque manejan dos lenguajes diferentes: el cine con la imagen, y la literatura, la palabra”.
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