Arte

Publicado el sábado, 21 de marzo del 2026 a las 04:01
Monterrey.- Un paisaje montañoso con un maizal pintado por Dr. Atl fue la obra semilla de lo que ahora se conoce como Colección FEMSA. Hoy, este cuadro es el que también inicia la exposición con la que arrancan las celebraciones del 50 aniversario de este acervo, con piezas que recorren más de 100 años, desde 1920, hasta creaciones de 2026.
Constelaciones y Derivas: Arte de América Latina desde la Colección FEMSA, que se inauguró ayer en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (Marco), es la exposición más ambiciosa que ha hecho la colección –que organiza también la Bienal FEMSA– no sólo por ser la más numerosa hasta ahora, con 174 obras de 115 artistas, sino también porque busca contar la historia del arte de América Latina, al menos una versión con miras a destacar a los artistas que han estado en los márgenes, asegura el equipo curatorial.
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Coleccionar es contar una historia. Las piezas en su individualidad tienen un sentido y un significado, pero en conjunto se resignifican entre ellas. Pero toda colección es un relato, por ejemplo, Bellas Artes cuenta cierta historia del arte en México y la del Tamayo cuenta otra porque tiene a otros artistas. Nosotros, en el proceso de acercarnos a los 50 años, nos preguntamos qué historia del arte estamos contando y cuál queremos contar”, dice Beto Díaz, curador de la colección.
En el caso de la de FEMSA se cuenta una historia del arte desde América Latina, incluyendo aquellas que se quedaron en los márgenes, afirma.
El Maizal, de Dr. Atl, fue una donación de Rosario Garza Sada de Zambrano a su sobrino para el Museo Monterrey, que no tenía colección. Pero no es la más antigua de la colección que ahora tiene más de mil piezas. La de mayor antigüedad es El Grande de España (El Ángel Azul o El Caballero), que hizo Diego Rivera en 1914. Esa pintura cubista del mexicano comparte sala con la más nueva, una instalación comisionada al artista argentino Ad Minoliti titulada Club de collage especulativo.
En la brecha que hay entre la obra más antigua y la más nueva hay todo un universo que el equipo curatorial –conformado por Díaz, Eugenia Braniff y Paulina Bravo– ha explorado a través de cinco constelaciones: Territorios, Estructuras Coloniales, Debatiendo la Abstracción, Geometría y Forma en América Latina; y Alquimia e Identidades.
En Territorios se aborda desde el espacio físico hasta el corporal, el centro y la periferia, así como el Sur Global. Ahí se exhibe por primera vez una obra de Pía Camil, junto a Monoblock, de Juan José Gurrola; Mujer Dormida, de David Alfaro Siqueiros, y piezas de Ana Mendieta, Néstor Jiménez y Damián Ortega.
En la constelación sobre lo colonial, el curador de la muestra explica que aborda lo que en su momento se pensaron que eran “las reglas del juego” y se cuestionan con un diálogo entre pinturas de castas en préstamo y la instalación Nint’ani. Volver a Casa, del artista purépecha Salvador Xharicata. También se exhibe por primera vez como parte de la colección, La Conquista, de José Clemente Orozco.
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