Seguridad
Por
Ramiro Rivera
Publicado el jueves, 17 de julio del 2008 a las 19:58
Saltillo, Coah.- Un adulto mayor fue víctima de un infarto cuando se encontraba instalando un tinaco en la azotea de su domicilio, la tarde de ayer, en la colonia Zapalinamé.
Por un lado la azotea y, cruzando la calle, Acapulco. Comenzó todo con la repartición de tinacos y terminó en trifulca; esta es la historia de los últimos días de vida de un hombre y el escenario sobre el que ésta ocurrió.
Decenas de colonos esperaban impacientes la hora en la que el camión que los llevaría al puerto guerrerense partiera, mientras que a unos cuantos pasos, a 10 metros del nivel del suelo, un solitario personaje escalaba hacia la azotea de su casa.
Mientras que en la esquina de un parque ubicado en el corazón de la colonia Zapalinamé, futuros vacacionistas, se quitaban el sol con sombrillas o resguardándose bajo la raquítica vegetación, un hombre, que horas antes había recibido como obsequio uno de tantos tinacos regalados por el Gobierno, yacía sin vida, tendido al sol, a modo de alegoría para los fanáticos del bronceado que se encontraban frente a su casa.
En el domicilio, Sierra Santa María 1709, colonia Zapalinamé, Daniel González Pérez, de 68 años, a las 14:30 horas, era víctima de un ataque cardiaco, ajeno a la concurrencia.
Al poco tiempo el llamado al Sistema de Emergencias (066) no se hizo esperar, seguido de la aparición en el lugar de paramédicos de Cruz Roja y de la Estación Cuatro del Cuerpo de Bomberos. Sin embargo nada había ya que hacer, salvo dar aviso a las autoridades para que dieran fe del deceso.
En el lugar hicieron acto de presencia personal de Servicios Periciales, quienes acompañaron al agente del Ministerio Público Rafael Martínez de la Rosa, así como al médico legista Alejandro González.
De acuerdo con el médico, el fallecimiento del hombre de la tercera edad se debió a un infarto fulminante, el cual tuvo lugar luego de que éste hubiera subido al techo de su hogar el tinaco que por la mañana había recibido.
La noticia de la muerte del vecino de la Zapalinamé corrió como reguero de pólvora, aglomerándose en las afueras de la casa cada vez más y más vecinos, tornándose el ambiente tenso.
En las alturas los bomberos ponían su ingenio para bajar el cuerpo del occiso, para lo cual se tuvieron que valer de una canastilla, dado lo difícil del acceso al lugar en donde se encontraban con respecto de la planta baja del inmueble.
Cuando se dispuso el envío del cuerpo al Semefo, el llanto contenido de los dolientes no pudo mantenerse más en suspenso, por lo que trataron de cubrir el cuerpo de su pariente al notar la presencia de los medios de comunicación, llegando a tal grado las emociones desatadas que incluso llegaron a agredir a algunos periodistas.
Tras un lapso de dimes y diretes en el que policías municipales acudieron a tranquilizar los ánimos, la calma volvió al lugar, los vacacionistas volvieron de igual manera a esperar su partida, mientras que los flamantes tinacos permanecían sobre los porches de las casas en espera de que alguien los pusiera a funcionar.
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