Saltillo
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Grupo Zócalo
Publicado el lunes, 30 de diciembre del 2024 a las 18:12
Saltillo, Coah.- Desde su fundación hace 22 años, la misión de Luz y Esperanza AC ha sido un acto de fe y compasión hacia las mujeres más vulnerables, sin embargo, entre los desafíos enfrentados este 2024 se encuentran: el proceso de cambio de refugio y la ampliación del modelo de atención integral a mujeres en situación de violencia y adicciones.
Para conmemorar el 22 Aniversario en la tarea de atender a mujeres, niñas, niños y adolescentes en situación de violencia, la Fundación Luz y Esperanza (FULYE) celebró en días pasados un Servicio de Gratitud en el templo Siloe de Saltillo.
En su reflexión sobre la trayectoria de la asociación civil, la Dra. Rosa María Salazar Rivera, directora de FULYE recordó cómo, en los inicios, solo existía el deseo profundo de ayudar, sin experiencia previa en temas de violencia o adicciones y “Fue Dios quien inclinó nuestro camino”, expresó.

Destacando que el refugio nació como un acto de obediencia y entrega al prójimo y se ha convertido en una misión más grande, pues según el Banco Nacional de Datos e Información sobre Casos de Violencia contra las Mujeres (BANAVIM), hasta octubre de este año se dio atención a 25 mujeres y 32 menores de edad, otorgándoles 10 mil 128 servicios, pues una mujer que llega con su familia para resguardarse de la violencia, requiere de atención múltiple y especializada. Mientras que en el Centro de Atención Externo de la Fundación se brindó atención a 324 mujeres y 64 menores, otorgando en total 4 mil 467 servicios, que van desde la atención psicológica a mujeres y niños, así como la legal y de trabajo social.
Este año, la fundación enfrentó uno de sus retos más difíciles: el traslado inesperado de su refugio. Tras 10 años de operar en una misma casa, la venta del inmueble los obligó a desalojar en pocos días. “El proceso fue abrupto, pero confiamos en Dios. Hoy seguimos adelante en un nuevo espacio, más pequeño, pero lleno de amor y esperanza”, afirmó Salazar Rivera. Además, señaló que, aunque la rehabilitación del lugar aún no concluye, la fe y el esfuerzo colectivo permitieron que el cambio fuera posible.
La Dra. Salazar resaltó que el modelo de atención de la fundación ha evolucionado para adaptarse a las necesidades complejas de las mujeres, especialmente aquellas con problemas de salud mental y adicciones. A diferencia de otros refugios, Luz y Esperanza no impone un tiempo límite de estancia: “Aquí no importa si una mujer necesita una noche, una hora o una comida. Nuestro modelo busca brindar paz y restitución a sus vidas”.
Destacó que este año el equipo se preparó intensamente en temas de salud mental y adicciones para brindar una atención profesional, y los resultados han sido evidentes: las mujeres atendidas no enfrentan crisis graves porque encuentran en el refugio un espacio seguro donde pueden comer, descansar e hidratarse.

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Cada mujer y cada niño que recibimos no son números estadísticos; son personas con historias, con vidas que necesitan ser reconstruidas”, aseguró la directora, reiterando que la fundación actúa como instrumento de amor y misericordia en nombre de Dios.
La Dra. Salazar hizo un llamado a la comunidad para unirse en oración y apoyo, ya que la experiencia de trabajar en espacios rentados ha evidenciado la necesidad de contar con un refugio propio, un sueño que esperan materializar en el futuro cercano. “Pedimos a Dios y a todos ustedes que nos acompañen en esta misión. Tener un espacio propio garantizará estabilidad y continuidad en nuestra labor”, expresó.
A pesar de los desafíos de este año, la Fundación Luz y Esperanza sigue de pie, comprometida con su propósito y renovando su fe en cada mujer que toca sus puertas.
Durante la ceremonia se proyectó un video donde dos mujeres contaron su testimonio y como FULYE les ha ayudado a salir de los círculos de violencia que vivían, empoderarse y emprender sus propios negocios, pues la independencia económica es un factor importante para no regresar con sus agresores.

La ceremonia de agradecimiento estuvo presidida por el ministro Joaquín Granados, Pastor en el Templo Siloé y el ministro Isaí Cruz Velázquez, Sobreveedor del Distrito 3 Coahuila y Durango de la Iglesia De Dios (7º día), quien entregó un reconocimiento a la Doctora Rosa María Salazar por los 22 años de su ministerio al servicio de mujeres, niños y niñas que sufren violencia.
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Su amor y compromiso han dejado una huella imborrable en nuestra comunidad, sembrando luz y esperanza en los corazones de quienes más lo necesitan”, mencionó Cruz Velázquez.
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