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Coahuila

Futuro de niños y jóvenes en riesgo

Por Cholyn Garza

Hace 4 semanas

Es triste y verdaderamente preocupante lo que está ocurriendo en nuestra sociedad.  Demasiada violencia se vive en algunos hogares, en centros de estudio o trabajo; en la sociedad ¿A qué se debe el cambio tan radical en la conducta de las personas? 

¿Nos hemos detenido por un momento a analizar un problema que inició, fue creciendo y hoy nos afecta a todos?

Nos afecta porque la violencia ya está en todas partes y nadie puede sentirse seguro. De un tiempo a la fecha los actos violentos lo mismo pueden suceden en la calle, en el trayecto al trabajo, en reuniones y peor aún en el espacio donde nuestros niños y jóvenes deberían permanecer seguros. Me refiero a la escuela, donde maestros, personal y estudiantes deben estar resguardados.

Lo sucedido recientemente en la preparatoria particular Antón Makarenko ubicada en el municipio de Lázaro Cárdenas, Michoacán, donde un alumno de sólo 15 años ingresó al centro de estudios con un firme propósito: Causar daño. 

Y lo causó.  Asesinó a dos maestras. 

La primera pregunta que ha surgido es ¿cómo obtuvo el arma, un rifle AR-15? Se sabe que lo guardó en un estuche de guitarra, por lo que pudo ingresar sin levantar sospecha alguna. Previamente se había grabado en su celular portando el arma, como si fuera el trofeo distintivo de una atrocidad a cometer.

¿Qué hay en la mente de los jóvenes, de los niños? ¿Dónde están los valores familiares? ¿Qué educación y ante todo, qué formación se está ofreciendo a ese grupo de futuros profesionistas, futuros ciudadanos y padres de familia?

En la infancia es donde las personas recibimos las primeras enseñanzas que vendrán a fortalecer nuestro carácter, nuestro comportamiento para interactuar con otras personas.  Es en el seno familiar donde los principios, los valores se aprenden a muy temprana edad.

Es decir, la formación de las personas inicia en el hogar y desde pequeños.  A los padres de varias generaciones los guiaba el sentido común, ese sexto sentido que hoy parecería haberse ido de vacaciones. En realidad, los valores universales no se modifican a criterio de autoridades que autorizan los planes de estudio o de grupos sociales. El respeto debe mantenerse vigente siempre y en todo momento. 

Nuestros padres nos educaron con el mejor método que puede existir:  Enseñanza con explicación, con práctica y de ser necesario, vendría la corrección.  Un método que no fallaba y se aplicaba de diferentes maneras; por medio del regaño, de un castigo y en caso necesario, mamá sacaba la famosa “chancla voladora” que aparece en historias publicadas en redes.

Hoy vemos con tristeza y pesar que ese valor -el respeto- tan necesario en el comportamiento de las personas se hace a un lado en cualquier circunstancia.  Hijos respondiéndole a sus padres; alumnos faltándole el respeto  a sus maestros, exponiendo a compañeros en las llamadas redes sociales para burlarse de ellos sin que medie la cordura, el respeto.

Es una tristeza el desperdicio que hacen muchos jovencitos de su tiempo.  El fanatismo los acompaña al grado de no poder diferenciar lo bueno de lo malo; la bondad de la perversidad. 

La agresión -de la forma que sea- nunca ha sido considerada un deporte, mucho menos debe ser tomada como un estilo de vida. No caigamos en el absurdo de “son otros tiempos” pretendiendo justificar lo injustificable.

Los jóvenes -ellas y ellos- tienen un gran potencial, el cual se debería canalizar hacia algo positivo, que los beneficie no que los perjudique.

Niños y jóvenes se enfrentan a un gran reto actualmente, el de hacer buen uso de las redes sociales y saber elegir las diferentes plataformas que se ofrecen.  Considero que las generaciones anteriores también tuvieron retos, sin embargo, se aprendió a analizar; a valorar para poder tomar una decisión.  Hay que tener en cuenta que la maldad siempre ha existido, por lo tanto, los riesgos, también.

Lo importante es no permitir ser arrastrado por el fanatismo o seguir ideologías que promueven el odio hacia los demás. Un ambiente sano en el hogar es necesario. Los padres tienen un deber muy grande que cumplir, vigilar mejor a sus hijos, con quienes se relacionan, a quienes siguen en redes.

No es fácil la tarea que se tiene como padres, pero eso no significa que todo esté perdido.  

El joven estudiante, convertido por su propia decisión en asesino, deberá enfrentar la justicia y ojalá lo hiciera como adulto; porque lo que hizo no tiene justificación. Por ser menor de edad, sería de tres a cinco años lo que posiblemente estaría en prisión, según dijeron.

¿Se haría justicia a las familias que sufrieron una pérdida irreparable? Definitivamente no.  Una mala decisión trae consecuencias y lo que hizo el muchacho ha dañado a las familias de las víctimas; le arrebató a una pequeña, inocente, a su madre.

Un ejemplo de los problemas mentales, sociales que hoy, lo aceptemos o no, se están viviendo.

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