El consenso entre analistas, ciudadanos e investigadores acerca de la generación de gobernadores posalternancia -casi todos menores de 40 años- es que, en su mayoría, resultaron peor de venales, cínicos e incompetentes que los de la vieja guardia, formados bajo la tutela y vigilancia del Presidente de la República. Los nuevos dieron rienda suelta a sus arrebatos sin rendir cuentas a nadie. El prototipo es Enrique Peña Nieto, impuesto en la gubernatura del Estado de México por su tío Arturo Montiel para cubrirle las espaldas y borrar los rastros de corrupción de su sexenio. Peña llegó a la presidencia empujado por los gobernadores, quienes lo proveyeron de recursos para comprar votos.
Coahuila paga un precio muy elevado por la sucesión entre hermanos. La megadeuda por 40 mil millones de pesos es del “moreirato”. Los bancos han cobrado una suma equivalente por concepto de intereses. En el “docenio” también se desviaron miles de millones de pesos a empresas fantasma sin que el Sistema Estatal Anticorrupción haya movido un dedo para investigar y castigar el saqueo. En la circunstancia actual, la deuda terminaría de saldarse en los próximos 20 o 25 años.
El daño no solo es económico. La política y las instituciones -sobre todo las de justicia- se envilecieron. Las masacres de Allende y Piedras Negras permanecen impunes. Lo mismo sucede con los millares de desaparecidos por la fuerza en todas las regiones del estado. En materia social, los 5 mil millones de pesos destinados anualmente al servicio de la deuda privan a la población de obras y servicios; y al sector productivo, de infraestructura. La pandemia del nuevo coronavirus dejó al descubierto las carencias del sistema de salud. El gobernador Miguel Riquelme anunció en su quinto informe la puesta en servicio de hospitales “inaugurados” por Rubén Moreira al final de su sexenio solo para la fotografía.
El escenario se repite en la mayoría de los estados. Administraciones quebradas y sin dinero para hacer frente a compromisos elementales. De la generación de gobernadores presumida por Peña Nieto, Javier Duarte (Veracruz), Roberto Borge (Quintana Roo), César Duarte (Chihuahua) y Roberto Sandoval (Nayarit) están entre rejas por delitos de corrupción, y en algunos casos también por delincuencia organizada. El exmandatario de Jalisco Aristóteles Sandoval (46 años) fue asesinado el 18 de diciembre de 2020 por el Cártel Jalisco Nueva Generación.
La venalidad y los excesos de los gobernadores del “nuevo PRI” explican la nostalgia por la vieja clase política. La generación de Peña es corresponsable de la escalada de violencia por su relación con los cárteles de la droga de los cuales, en no pocos casos, recibió financiamiento para sus campañas. Los políticos de antaño distaban de ser democráticos, pero eran más eficaces; había mayor estabilidad y menos violencia. El presidente Andrés Manuel López Obrador busca recuperar el control de los estados. Morena y sus aliados gobiernan actualmente 22; Acción Nacional, cinco; el PRI, tres; y Movimiento Ciudadano, dos.
En las elecciones presidenciales de 2012 la operación electoral y financiera de los gobernadores del PRI resultó determinante para el triunfo de Peña Nieto, cuya campaña excedió en 13 veces el gasto legal, parte del cual pudo haberse costeado con deuda. El mismo papel jugarán los mandatarios estatales de Morena en 2024 para consolidar el proyecto de la Cuarta Transformación y el movimiento político de López Obrador. Nada ha cambiado.
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