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Gente de segunda

Por Juan Latapí

Hace 3 años

Se supone que ante la Ley todos somos iguales, las religiones también predican la igualdad y varias instituciones lo afirman, pero eso está lejos de ser verdad, lo cierto es que hay gente de primera, de segunda y a veces hasta de tercera. El rollo de la igualdad es una ilusión fácil de creerse hasta que aparece la terca y cruel realidad.

El dinero suele ser el que marca esa diferencia, tenerlo o no marca una distancia abismal. Con dinero se pueden comprar voluntades, influencias y privilegios para ser tratado como gente de primera; cuando se tienen fama, dinero y poder el trato cambia y las adulaciones, privilegios caravanas aparecen sin parar.

Esto se aprecia claramente en las campañas electorales donde hay candidatos de primera y de segunda. Los que tienen el soporte económico -legal o no- gozan de mayor presencia, privilegios y adulaciones sin importar si tiene mala fama o es poco inteligente, el dinero lo hará aparecer como alguien de primera mientras que quienes menos apoyo tienen, aunque sean personas brillantes se percibirán como candidatos de segunda. También en tiempos electorales los votantes son tratados como si fueran gente de primera y una vez electo el candidato tratará a sus gobernados como gente de segunda.

También, por su aspecto hay gente de primera y de segunda. Quienes tienen facciones indígenas son vistos con desconfianza y menosprecio; a la fecha la palabra indio aún se utiliza como insulto, como alguien de segunda. En cambio la gente rubia, de ojo claro, con aspecto de actor de TV rara vez es ofendida y discriminada, por el contrario, es tratada como de primera.

Existen ciudadanos de primera y de segunda cuando alguien comete una falta de tránsito y es influyente, allegado a una corporación policiaca, tiene palancas o trabaja en algún medio de comunicación rara vez es sancionado al ser gente de primera. En cambio a cualquier hijo de vecino, al pasarse la luz ámbar, o un paisano que se atreve a pasar por Monclova, es obligado a pagar una multa o arreglarse con la autoridad como cualquier ciudadano de segunda.

Esta diferencia también es muy clara en las escuelas donde hay alumnos de primera y de segunda. Es sumamente notorio cuando un alumno, por más burro que sea, es hijo de algún influyente político o magnate, aunque falte a clase jamás reprueba y hasta se puede dar el lujo de ofender y agredir a sus maestros y compañeros sin que pase a mayores.

En cambio el resto de los alumnos es tratado sin consideraciones y deben aprender a resignarse como alumnos de segunda.

Al acudir a realizar algún trámite en una dependencia o institución, si se carece de influencias, habrá que resignarse a soportar la lentitud, displicencia, indiferencia y hasta malos tratos además de tolerar a quienes son atendidos sin formarse por tener influencias. Pocos se quejan y prefieren resignarse como ciudadanos de segunda.

También las personas con alguna discapacidad, que tiene preferencias sexuales diferentes, incluso ser mujer, continuamente son ofendidas, blanco de burlas y hasta agresiones al ser tratadas como gente de segunda.

En las empresas, clubes y asociaciones también hay personas de primera y de segunda. Empleados de primera son el amigo del dueño y el recomendado sin importar que su capacidad deje mucho que desear, de cabeza hueca y solo naden de muertito, creyéndose de primera mientras que el resto es visto como gente de segunda.

En todas las sociedades siempre han existido diferencias injustas entre sus integrantes, sin embargo en México aún no hemos podido superar las castas que desde hace siglos persisten injustamente marcando la desigualdad entre la gente de primera y la de segunda. Desde luego que las personas responsables, trabajadoras, que hacen su mejor esfuerzo y con honestidad y brillantes, son diferentes al resto pero eso no justifica hacer menos a los demás de manera injusta.

Mientras persista la costumbre de privilegiar los intereses individualistas por encima de los intereses comunes, seguirá habiendo gente de primera y de segunda. Por eso, es de esperarse que en estos tiempos electorales los candidatos recuerden que la gente tratada como de segunda es mayoría y puede inclinar la balanza al momento de votar. Además esto representa un área de oportunidad para superar las injusticias.

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