Mis queridos amigos, siempre con el gusto y la bendición de estar otro domingo más con ustedes compartiendo temas diversos que ayuden a seguir adelante en la vida con otro enfoque que no sea el nuestro abrir nuestro abanico de posibilidades.
Un 4 de junio del 2010 estaba cumpliendo mi hija Andrea Paola 16 años, y quise darle un regalo muy especial que la pudiera acompañar por algunos años, ese regalo fue nuestro entrañable.
“Giorgio”. Digo fue porque el 1 de marzo nuestro querido perrito cumplió con su misión en este mundo, ha sido una pérdida dolorosa para nosotras, pues 11 años se dicen fácil, cuando un perrito con la nobleza de Giorgio parte de esta vida. Para muchas personas será ridículo el que alguien le llore a un perrito, se ponga triste, incluso llegue a estar días o semanas, o meses mal. pero hay que comprender que cada ser humano lleva su duelo de diversas maneras, ningún duelo debe minimizarse, pues cada ser humano es distinto de otro, sobre todo en sus sentimientos, vivencias, pensamientos, acciones, etc.
En este caso, Giorgio vino a darnos a mis hijas y a mí, alegría, acompañamiento en todo momento, de juego, risas, carcajadas, y también enojos, pues como buen perrito, quería marcar territorio y se la pasaba orinando cada rincón, las patas de las camas, así como comerse parte de las patas de madera de mi recién comprada sala, me enojé obvio.
Pero hoy al verlas, me daba risa y ternura. pues jamás compararías ese amor que ellos dan sin interés, a algo material. finalmente son cosas nada más. Recuerdo que mi hija Vero estaba estrenando su colchón, y aún lo tenía en el piso, faltaba la base de comprar, y cuál fue la sorpresa un día, que se oye un gran grito, pues el motivo fue que se había orinado el perrito en él, mi hija se puso blanca del coraje, y quería que se fuera Giorgio, de hecho, pasó incontables veces con otros muebles y demás cosas, y bueno, como verán, duró 11 años con nosotras.
Parecía que nos entendía todo, casi hablaba, obvio a su manera perruna por supuesto, cuando estábamos tristes él no se despegaba, se quedaba al pie del cañón, hasta un día, me acompañó, yo con una cerveza, escuchándome, yo agradeciéndole por todos estos años de su ternura para mis hijas y para mí. Estefanía, la menor de mis hijas, le apretaba sus garritas, y él se dejaba, le gustaba de hecho, pues ni se inmutaba, le decía yo óyeme ese es amor apache.
Yo todos los días, lo agarraba de sus dos patitas delanteras y lo columpiaba, le encantaba. decía mi abuelita que hasta una piedra que uno cambiara de lugar se extrañaba, así que una mascotita cuando termina su tiempo, se lleva su tiempo superarla. De verdad cómo llegamos a querer a Giorgio, sobre todo Andrea, pues era de ella y los últimos 4 años solo estaba con ella y lo tenía muy apapachado que hasta se dormía con ella, los dos eran muy dormilones. Es tan beneficioso para los niños y adolescentes tener una mascotita por varios motivos, desde empezar a tener una responsabilidad como es alimentarlo, asearlo, pasearlo, llevarlo al veterinario, darle amor y tiempo.
Para que después sean los hijos adultos responsables, y debo decir que empezar a aprender el desapego. Giorgio tenía 11 años, es decir como 80 años de nosotros.
Pretextos quiere la muerte, y si de algo ayuda a quienes han perdió una mascotita que amaron mucho, enfocarnos en los momentos de diversión y alegría y acompañamiento que nos brindaron y nos ayudaron a sanar otros dolores de la vida a su vez. Esos recuerdos maravillosos juntos, es lo que debemos atesorar amigos lectores, seguro muchos de ustedes que me hacen el honor de leerme, no me dejaran mentir que los perritos se aman también.
Debo comentarles que las circunstancias en que llegan a nuestras vidas las mascotitas definen muchas cosas también, pues Giorgio llegó a la vida de Andrea cuando yo estaba terminando mi proceso de sanación del cáncer de mama.
Pues hacia un año atrás junio del 2009 cuando ella cumplió 15 años, yo estaba en cama recién operada y empezando quimioterapias, así que no pudimos festejarla, el regalo fue que yo tenía cáncer, por eso el significado de Giorgio en la vida de ella ,y de nosotros marco la diferencia. El fue un gran consuelo en esos tiempos, y en los que siguieron. gracias mi querido Giorgio, por tanto. Lo mandamos incinerar, lo entregaron en una cajita de madera con su nombre y huellita.
Por favor cuidemos las mascotitas. debo decir que hay mascotitas que pareciera que aman más que los mismos humanos. o al menos acompañan más y mejor, en ocasiones los es y no lo digo yo, lo dicen muchas personas que han tenido la dicha de tener animalitos, que se vuelven sus compañeros de vida. quienes no tienen la bendición de tener hijos, veo que los tratan como si de verdad los perritos fueran sus hijos, y en broma las gentes dicen que vida de perro, hasta mejor que la mía.
Gracias a todas las personas que son empáticas, cuidan y quieren a las mascotitas.
¡Adiós mi querido Giorgio, te amamos! Gracias por enseñarnos tantas cosas, sobre todo por esa ternura y acompañamiento por estos años. un abrazo a todos los que han perdido a su mascotita, y muy en especial a mi hija Andrea Paola te amo y sabes que siempre estoy y si permite Dios por muchos años contigo y tus hermanitas Diosito por delante.
Más sobre esta sección Más en Coahuila