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Coahuila

Gran centro educativo

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 3 años

Saltillo era una ciudad  chica comparada con lo que es ahora, a la mitad del siglo pasado, donde la vida pasaba tranquila. Algunos escritores y poetas criticaban esa pasividad. La gente siempre fue amable, sencilla, un poco anticuada y conservadora, pero muy hospitalaria.

Las principales fuentes de empleo eran Cinsa, Cifunsa, Moto Islo, los ferrocarriles y el comercio en general.

Una buena fuente de ingresos para algunas familias fue brindar hospedaje a estudiantes foráneos, cuya población en esos años era muy alta.

Había hasta clases de español para norteamericanos, que por decenas, quizá cientos, se desplazaban por la ciudad, sobre todo las gringuitas desinhibidas, que eran el deleite de las pupilas de los jóvenes saltillenses. Esto venía a fortalecer la economía de la ciudad, pues los estudiantes mexicanos o norteamericanos le daban mucha vida al Saltillo de antaño. Venían a estudiar jóvenes de diferentes lugares del estado, del país y del extranjero.

Las escuelas preferidas eran el Ateneo Fuente, el Tecnológico, la Normal del Estado, Leyes, Ciencias Químicas, Arquitectura e Ingeniería Civil, y la Narro. Para los norteamericanos la Escuela de Verano de  Cuquita Galindo, además las academias comerciales de la época, que eran de primer nivel. La ciudad además de ser segura y pacífica, era considerada “La Atenas de México”.

La gente de Saltillo daba buen trato a  los estudiantes, los cuidaba y los respetaba, sin duda eran el  futuro de México.

Hubo momentos en que la tranquilidad de la ciudad se alteró por los desfiles chuscos de los alumnos de la entonces Escuela Superior de Agricultura, la Narro, que ridiculizaban a algunos personajes de la ciudad y se vestían algunos de mujer, con uniformes de las escuelas superiores de la ciudad.

Las manifestaciones de los estudiantes de agronomía preocupaban a las autoridades locales y estatales. Muchas veces fueron reprimidos con violencia.

La calle Victoria era la Zona Rosa de ese tiempo. Y los Buitres se sentaban en la Oficina de Correos o en Almacenes García a ver pasar a las muchachas. Y las muchachas se paseaban por ahí para verlos. Pero realmente cualquier estudiante de cualquier escuela iba a “victorear” cualquier día de la semana.

“Mi época estudiantil fue muy bonita. No teníamos computadoras, ni internet, ni Facebook, pero no las necesitábamos. Nadie extraña lo que no conoce”, afirma con mucha razón Bruno Pérez.

 

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