Internacional

Publicado el viernes, 30 de enero del 2026 a las 17:31
Bogotá, Venezuela.– Colombia inicia el 2026 bajo una sombra de inseguridad creciente. Según el más reciente informe de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), el pie de fuerza de los grupos armados ilegales experimentó un salto del 23.5% durante el último año, sumando un total de 27,000 integrantes entre combatientes y redes de apoyo.
Esta cifra, que representa un incremento de 5,000 efectivos respecto a 2024, dibuja un panorama de “seguridad frágil” en un año marcado por el calendario electoral y la dificultad del Estado para recuperar el control territorial en zonas críticas.
El estudio detalla un fortalecimiento sostenido en diversas estructuras, donde las bandas criminales superan en número a las guerrillas tradicionales:
– Clan del Golfo: Se consolida como la organización más numerosa con 9,840 miembros, un crecimiento del 30%.
– ELN: La guerrilla del Ejército de Liberación Nacional registra 6,810 integrantes (9% más que el año anterior).
– Disidencias de las FARC: El Estado Mayor Central (EMC), liderado por alias “Iván Mordisco”, cuenta con 4,019 efectivos, mientras que su facción rival, el EMBF, suma 2,958.
– Nuevas escisiones: La CNEB (escindida de la Segunda Marquetalia) ya cuenta con 2,089 miembros, superando a su grupo de origen, que registra 534 integrantes.

La FIP identifica un cambio de paradigma en la expansión de estos grupos. Más allá de la ideología o la coerción, las organizaciones ilegales han adoptado tácticas empresariales para atraer personal:
1. Incentivos económicos: Ofrecimiento de salarios competitivos.
2. Prestaciones informales: Promesas de bonos y periodos de “vacaciones” para los reclutas.
3. Gobernanza local: Fortalecimiento del control social sobre las poblaciones para asegurar rutas y territorios.
El informe advierte que 2025 fue el año con mayor conflictividad interna en la última década. Los enfrentamientos entre grupos aumentaron un 34%, pasando de 86 a 115 eventos registrados.
Esta escalada se debe principalmente a la ruptura de pactos de no agresión. Un ejemplo crítico es la región del Catatumbo, donde la tregua histórica entre el ELN y el Frente 33 finalizó hace un año, desatando una guerra abierta por el control de las rutas del narcotráfico hacia Venezuela.
” “Ni la ofensiva militar ni las mesas de negociación han logrado frenar la recomposición de estos grupos”, concluye la FIP, subrayando que el Estado enfrenta el reto de una criminalidad que se fragmenta y profesionaliza a gran velocidad.
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