Ese estado ha sido importante para México, más por el puerto de Acapulco, destino favorito por décadas del colectivo chilango, pero el resto del estado, fue importante históricamente, y desde lo sesenta importante por la presencia del socialismo promovido en la escuela Normal de Ayotzinapa y las actividades de guerrilleros que incluso, secuestraron a un candidato priista a la gubernatura, Rubén Figueroa en una épocas en que el candidato priista era ya considerado el próximo mandatario.
En la época de Zedilla, hubo una masacre de activistas campesinos en tierras blancas, en Guerrero, siendo gobernador el hijo de aquel candidato y después gobernador Figueroa, y el secretario de gobierno era Ángel Aguirre, que fuera el gobernador perredista durante la masacre de Ayotzinapa iniciada por un incondicional de López Obrador. El alcalde Abarca, enfurecido, porque desmanes de los normalistas de Ayotzinapa que se preparaban para causar destrozos en CDMX para conmemorar la matanza del 2 de octubre, le quitaron brillo a un evento en el que promovía la candidatura de su esposa a la alcaldía para sucederlo.
Desde antes de 2010, el estado es simpatizante de la izquierda, primero por el PRD, y después por Morena, a grado tal, que el impresentable Félix Salgado Macedonio, rige en el estado, por medio de su hija, después de un escándalo donde se exhibió que había violado impunemente a una subordinada.
El estado rabiosamente ha apoyado a la gavilla de Morena, lo que menos hubieran esperado los guerrerenses, es que en una calamidad, como el reciente huracán Otis que devastó el puerto de Acapulco y alrededores, el deseo del mandatario sea hacer a un lado la tragedia, en aras de tener capital para la elección presidencial, “al cabo que esos muertos y afectados, son el precio del proyecto”.
Esa imagen de hambrientos esperando conseguir alimento, temerosos del régimen, es lo que nutre el ego enfermo de los tiranos populistas.
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