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Publicado el lunes, 13 de abril del 2020 a las 10:25
Saltillo, Coah.- Para comenzar a hablar, Joel Almaguer se sumerge en los recuerdos de su niñez. Ahí, guiado por una aguja que rasga un vinilo, recuerda a su madre y también una vieja colección de discos de la Reader’s Digest. La bruma de la memoria le juega una mala pasada para recordar el nombre de la serie fonográfica, pero igual enlista: ‘’ahí había fragmentos había fragmentos de conciertos, sinfonías y demás. Entre ellas estaba el cantabile de la Sonata Patética, Claro de Luna, el Concierto para Piano No. 5, fue ahí cuando comencé a escuchar a Beethoven. A esa edad yo todavía no comenzaba mis estudios en piano, pero en mi casa ya se escuchaba su música’’.
El director musical y socio del espacio de conciertos Sala Prisma ahonda nuevamente en sus recuerdos y señala que fue hasta el tercer grado de escuela cuando pudo sentir la potencia emocional y musical del compositor romántico.
La pieza culpable de ese remolino que lo atrapó fue la Sonata en Fa Sostenido, ‘’una sonata en dos movimientos muy potente y beethoveriana, pero también una obra muy clásica por momentos’’.
Tranquilo en la comodidad de su recinto de trabajo, Almaguer señala que para un estudiante de piano no es difícil llegar a Beethoven, es un rito de paso, pero también es un compositor que exige respeto y, como moneda de cobro, disciplina; ya si bien el músico que celebra este 2020 su 250 aniversario tiene bagatelas sencillas y armoniosas, también es un compositor que con el paso de los años pide exigencia mayor de quien toque sus obras: una capacidad técnica dura pero también un temple emocional soberbio.
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En su tiempo estudié el Claro de Luna y por supuesto la Sonata No.32 que es la última de las que hizo Beethoven. En su tiempo le dediqué un año, de manera incansable. Es una sonata de solamente dos movimientos pero que exige muchísimo, porque es una obra de madurez muy demandante. Es una pieza que dura media hora más, ¡pero su primer movimiento es poderoso, poderoso y poderoso!, en cambio el segundo es un área de variaciones, un contrapeso maravilloso, porque es una pieza de las más emotivas que pude haber estudiado de la obra de Beethoven.’’
Para muchos el compositor de Boon fue un parteaguas en la historia de la música debido a su temperamental forma de ser. Un hombre caprichoso y entregado a su arte, un genio romántico en toda la extensión de la palabra y la idea. Huraño, violento y solitario pasó un gran tiempo recluido en su casa escribiendo sus partituras deslizando sus manos sobre las teclas de un piano y tocando otros instrumentos.
En esa energía rabiosa y violenta de un hombre que se refugia en su obra la que explota en la tensión musical de la Sinfonía No. 9, por ejemplo. Obra que emerge como volcán y que irónicamente, ha sido llamada ‘’himno de la alegría’’.
Ese estado de éxtasis emocional ese ‘’vivir y vivenciar el arte’’ es lo que más maravillado deja a Almaguer de la música de Beethoven, a quien considera ‘’el compositor que nos hace vivir el arte de una manera más personal. Él es la imagen del artista que vive para su arte. Quizá es en algunos otros momentos musicales y con otros compositores que uno comienza a sentir esa emoción musical, pero no es sino hasta que llegas a Beethoven, conoces su vida y escuchas su música, que sus partituras y tensión musical te permite expresarte a ti mismo.
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Eso porque cuando estudias cualquier otro repertorio, sea Haydn, Mozart o Bach, te dicen ‘este es el estilo y así se debe tocar’, uno permanece solo como un intérprete. Hay una recreación de la obra que no va más allá. En cambio, con Beethoven, si bien hay un estilo que acatar, también interviene más el carácter de cada uno. Eso transforma su obra musical en, más que una ejecución bien lograda, en una autoexpresión’’, señaló el ejecutante.
Eso es lo que ha logrado diferenciar al compositor de la sinfonía Emperador, dedicada en su inicia a Napoleón, de otros músicos de genio ‘’creadores del arte sonoro’’, los define Almaguer quien agrega que ‘’en el caso de Beethoven lo que consigue es una expresión de él mismo y su temperamento a través de su música, porque como él mismo decía ‘Beethoven solo hay uno’’, concluyó el pianista quien tenía lista una serie de actividades en Sala Prisma para conmemorar al compositor pero que, debido a la contingencia de salud , fueron aplazadas para después.
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