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Grupo Zócalo
Publicado el sábado, 28 de agosto del 2021 a las 04:30
Ciudad de México.- En la época en que creció Siri Hustvedt, nacida en Northfield, Minnesota, en 1955, no era común ver mujeres en posiciones de poder. Ni doctoras o abogadas, recuerda la escritora, quien acaso alguna vez conoció a una mujer mayor de su localidad que tenía un doctorado. No más.
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Por supuesto, no estaba casada, porque debías hacer una elección; no podías estar casada y tener un doctorado”, remarca en entrevista remota la novelista, poeta, ensayista y académica.
Esta situación, sin duda, moldearía a quien hoy es reconocida como una de las escritoras contemporáneas más leídas en el mundo de habla hispana, cuya obra invita constantemente a repensar los roles de género y los feminismos, temas con los que se sintió identificada desde joven.
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Cuando tenía 14 años, el movimiento de liberación de la mujer apareció en Estados Unidos y salté a bordo, porque me parecía injusto y desigual que las mujeres no tuvieran autoridad o tuvieran tan poca presencia en la cultura”, subraya la autora laureada con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2019.
Con la lucha por la igualdad de género vigente, Hustvedt celebra la fuerza que ha cobrado el movimiento feminista alrededor del mundo.
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Siento gran admiración por las mujeres que se han puesto de pie y han dicho: ‘No’.
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La violencia contra las mujeres es ubicua”, continúa. “Es, con frecuencia, una forma de castigo contra las mujeres que dicen: ‘No queremos vivir como ciudadanas de segunda clase, queremos respeto y reconocimiento de nuestra humanidad, una profunda humanidad’”.
Y es que, a decir suyo, la misoginia a menudo aparece precisamente cuando las mujeres demandan su propia autoridad, que no es otra cosa sino poder legítimo.
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Lo que las mujeres están diciendo es: ‘No, esto está mal’. Y eso puede causar una tremenda reacción, incluyendo violencia física, entre otras cosas”, expone.
Reflexionar, cuestionar
Ante esto, la autora de El verano sin hombres y La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres apunta que, más que una mera situación de hombres contra mujeres, el problema radica en las estructuras patriarcales institucionalizadas, políticas e incluso internalizadas por todos los que viven en esta cultura, incluido el propio género.
Es decir, mujeres que internalizan el patriarcado de la misma forma en que, ejemplifica Hustvedt, ciertas formas de antisemitismo fueron incorporadas por judíos, o ciertas formas de racismo por personas de color.
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Afortunadamente, tenemos una autoconciencia reflexiva, y eso nos permite, pienso, poner un alto a hábitos inconscientes, a todas esas cosas que sólo se vuelven parte de tu forma de pensar.
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La única forma de defenderte a ti mismo de las ideas es pensando en ellas, estudiándolas y haciendo preguntas”, subraya la escritora, quien ve en este resurgimiento del feminismo una clara intersección con otras formas de opresión, como la de clase o la de color.
Durante su participación en la Fenal, Hsutvedt, una de las principales impulsoras del movimiento Writers for Democratic Action, sostuvo un diálogo con la narradora Daniela Tarazona, abordando la política de Equidad Racial, Diversidad e Inclusión (REDI, por sus siglas en inglés).
Un reto que la autora ha identificado es que las ideas cambian muy, muy despacio.
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En las culturas occidentales seguimos atados a los griegos, y con griegos me refiero a Platón y Aristóteles, y en ambos hay mucha misoginia; en Platón un poco menos, pues admitió mujeres en la República, pero se alegraba todos los días de no haber nacido como esclavo o como mujer, y Aristóteles en verdad reforzó eso al convertir el principio femenino en un asunto de muerte y lo masculino en una forma de animación superior.
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Y esto nos ha seguido a lo largo del tiempo; no podemos solo anularlo fácilmente. Y es aún más difícil cuando pensamos en el racismo, que es un fenómeno más reciente; porque siempre ha habido miedo y odio tribal hacia el otro, como sea que esa persona luzca, pero la idea de raza no era parte de ello. Solo eran personas que no son tú”, detalla.
Específicamente, en cuanto a las mujeres, sugiere derribar esa idea acerca de que la crianza, y en general la vida doméstica, es un asunto femenino; fuente de una misoginia cultural que espera de ellas, únicamente por tener vagina y senos, que cumplan un rol maternal.
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