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Coahuila

¡Hablemos de futbol y algo más!

Por Sandra Rodríguez Wong

Hace 4 años

Llamó mi atención –y obviamente de muchas personas del lugar– un joven esbelto y de estatura media, al que adolescentes y niños no le daban oportunidad para terminar de cenar. Durante todo el tiempo, atendió con suma amabilidad a quien le solicitaba una selfie. Uno de los amigos del grupo con el que me trasladaba, mencionó que se trataba de un afamado futbolista; exsantista y hoy perteneciente al Atlas. Jugador de alto desempeño en las semifinales del torneo de Clausura 2022, entre Atlas vs Tigres y Pachuca vs Atlas.

Ahí surgió la duda: ¿cuándo las mujeres empezaron a incursionar en deportes que hace algunos años eran calificados solo para hombres? Diversas páginas de internet señalan que los orígenes del futbol femenil se remontan a Glasgow, Escocia, en 1892.

El documento más conocido acerca de sus inicios data de 1894, cuando Nettie Honeyball, activista de los derechos de la mujer, fundó el primer club deportivo denominado British Ladies Football Club.

Convencida de su causa, Honeyball señaló que lo que pretendía con esta acción era demostrar que la mujer podía lograr liberarse y ocupar un lugar destacado en la sociedad, ya que en aquel entonces se excluía en muchos aspectos a las mujeres.

Y aunque el futbol femenil pasó por muchas dificultades, como la falta de reconocimiento por los máximos organismos de futbol en Inglaterra (FA), fue hasta 1969 que se creó formalmente la primera rama femenil.

El boxeo femenil es otro de los deportes considerados de hombres. Los primeros registros se remontan al siglo 18 en Inglaterra, donde se comienzan a organizar torneos entre mujeres luchadoras. Ahí surge la figura de Elizabeth Wilkinson –la primera campeona en la historia del deporte– y hasta 1904 es cuando se incluye al boxeo como deporte olímpico, en el que realizaban combates entre mujeres, aunque como deporte de exhibición.

El levantamiento de pesas es otra de las disciplinas en las que generalmente se piensa que si son realizados por una mujer perderá su femineidad, y adquirirá cada vez una apariencia más masculina, lo cual está alejado de la realidad, ya que se señala que se ha demostrado que los deportes de fuerza son buenos para la salud.

La idea de lo masculino en el deporte ha hecho que se siga considerando que hay actividades deportivas para unos y otras solo por tratarse del sexo. Sin duda hay elementos que de por sí alimentan esa creencia, como la fuerza, o el antiembarazo. Los techos de cristal, la brecha salarial, la diferencia en los apoyos para impulsar carreras femeninas o la escasez de figuras femeninas a seguir en deportes estereotipados.

El deporte no tiene género intrínseco, socialmente se han asignado categorías masculinas o femeninas a distintas disciplinas deportivas, los estereotipos tradicionales han reforzado la brecha de desigualdad, tratamiento, regulación, apoyos para su impulso y afición diferenciada.

Ojalá pueda ver pronto alguna afamada deportista en una disciplina tradicional, considerada para varones, a la que sus fans no le permitan terminar su cena por robarle una selfie.

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