Ahora que está por cumplirse un aniversario más de la fundación de Saltillo por colonos españoles y portugueses, me ha llevado a recordar hechos que los auténticos historiadores han documentado, y que para muchos de nosotros pasan desapercibidos, sólo importa la celebración festiva y poco conocemos de quienes no antecedieron.
Hubo hombres que le apostaron a la ciudad sin importar el riesgo que esto implicaba, en una comunidad originaria de aborígenes, que defendían lo que era de ellos; por el lado de estos, el jefe indio Zapalinamé, y por el de los europeos que nos colonizaron, los portugueses Alberto Do Canto y Díaz Viera y Francisco de Urdiñola, que deben ser reconocidos por su valor, sus proezas y por ser calve en la fundación del Saltillo, en 1577.
Santos Rojo, aquel español originario de los países vascos, quien tuvo la osadía de traer desde la Feria de Jalapa, Veracruz el Cristo que ahora luce en la Capilla de Catedral, en 1608. El originario de Málaga, Andalucía, España, Diego de Montemayor, colonizador del Saltillo, víctima del infortunio, que fue mancillado o deshonrado en su matrimonio y que, por este incidente, fundó la ciudad de Monterrey, en 1596.
Finalmente, Juan Navarro, de origen portugués que en poco tiempo se convirtió en el primer terrateniente, (acaparador de tierras) no sólo en Coahuila, sino en el norte del nuevo país, que amasó para su tiempo una enorme fortuna y que fue el constructor del primer molino de trigo de lo que posteriormente sería América Latina.
El ingeniero civil, constructor de obras importantes del Saltillo moderno, como el paso a desnivel que conecta a Venustiano Carranza con Allende, el historiador Pablo M. Cuéllar, en un grandioso legado histórico impresionante, hace mención específicamente a este molino de trigo, cuya ubicación con “documentos en mano” establece que fue en el lugar conocido como barrio de La Palmilla, en el valle de la Purísima Concepción de la Hibernia, dentro de los linderos de la colonia la Aurora de Saltillo.
Con base a un documento manuscrito de principios de la ciudad, proporcionado al ingeniero Cuéllar por la señorita Raquel Siller, nacida en ese lugar, se determina que el mencionado molino de trigo se ubicaba al final del acueducto que movía primero a la molienda y luego a las famosas fábricas de hilados y tejidos, que son en conjunto símbolos de esta comunidad y de Saltillo.
Cabe mencionar que, en la repartición de tierras en la Aurora de 1593, las propiedades de Santos Rojo y Juan Navarro eran colindantes y había cierta confusión del mismo hecho histórico.
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