Poco más de dos años perdidos. Un saldo verdaderamente dramático por no decir aterrador es lo que tenemos ante nosotros. Nuestro país está sufriendo un retroceso en todo y causa preocupación, angustia, temor.
Todos, de alguna manera u otra, estamos resintiendo todo lo que nos ha dejado la pandemia. Los contagios, las pérdidas de vidas humanas; amigos o familiares que se adelantaron en el camino porque no pudieron sobrevivir a la enfermedad.
El encierro, el aislamiento al que nos enviaron por cuestión de seguridad, nos mantuvo alejados de una realidad que ya se veía venir pero que quizás, no se tuvo la malicia por parte de los ciudadanos, para darnos cuenta de lo que significaba el mantenernos ajenos a la problemática real que se iba tejiendo en el país.
Dos años o poco más de dos años han transcurrido. Y nos encontramos ante un México distinto, un país lastimado, herido, empobrecido.
Aunque son odiosas las comparaciones, no podemos sustraernos de hacerlas.
Recuerdo que años atrás, las abuelas hablaban de crisis, de que “todo está muy caro” refiriéndose a lo que se compraba para alimentar a la familia. El burócrata se quejaba de la ridiculez del aumento en su nómina; el asalariado, ni se diga. La problemática social se llevaba a las pantallas cinematográficas.
El siempre recordado Mario Moreno “Cantinflas” dio vida a tantos personajes que aún deleitan a un público que se divierte sanamente y reflexiona con sus expresiones. Temas vigentes a pesar del tiempo transcurrido.
Sin embargo, hay que reconocer que, a pesar de las limitaciones que pudiera haber habido en muchos hogares, se fueron creando instituciones que estuvieron al alcance de todas las familias y permitieron que México estuviera “de pie”.
Una de esas instituciones fue sin duda la Secretaría de
Educación.
Se fueron creando escuelas por donde pasaron muchas generaciones. Educación primaria, secundaria y el que podía seguir pues, adelante. Para los padres era un orgullo que sus hijos se educaran, que recibieran la educación que quizás ellos no tuvieron.
Sí, había que enviar a los niños a la escuela, a prepararse, a educarse. Pero había algo muy importante; existía la comunicación entre padres y maestros. Porque la educación empieza en casa, se construye en el hogar.
Un gran número de niños que fueron recibiendo su enseñanza en las aulas, por humildes que fueran, con el estudio fueron saliendo adelante. Ahí tenemos la prueba en exitosos profesionistas, graduados gracias al empeño que pusieron sus padres en ellos y por supuesto, a la dedicación de cada persona y a la enseñanza recibida por parte de sus maestros.
La enseñanza se recibe en las aulas, con las materias que se imparten desde un plan de estudios elaborado por expertos en educación, no por experimentos ideológicos.
La educación es algo muy necesario no solo como parte de la formación del individuo, sino como una herramienta para hacer frente a la vida.
La pandemia ha dejado un rezago muy grande en los alumnos porque lamentablemente muchos de ellos, por diversas razones, no pudieron continuar a distancia.
Fue una situación muy difícil. Ni a los maestros se les brindó la asesoría necesaria, ni a los alumnos se les dio la oportunidad de avanzar en sus estudios; de ahí el problema grave en cuanto a la enseñanza se refiere.
Cuando un gobernante se ufana de que una pandemia le viene “como anillo al dedo”, es de preocuparse. El tiempo nos ha ido mostrando que nada de lo implementado por el actual gobierno ha sido benéfico para el país.
Y es de preocuparse aún más cuando se observa lo que se plantea hacer con nuestros niños y jóvenes. No podemos ni debemos permitir que a esa población importante de nuestro México se le destruya.
¿Dónde están todos los maestros, verdaderos mentores del país? Déjense de “grilla” y de andar sacando ganancia sin importar los alumnos y lo que se pretende hacer con las nuevas generaciones.
Maestros, padres de familia, políticos que realmente amen a México, profesionistas, todos unidos por nuestra niñez. ¡HAGAMOS LA TAREA! Es tiempo de irnos uniendo en beneficio de una causa común. No permitamos que a nuestro país se le siga dañando. Nuestros hijos, nuestros nietos, todos los niños de nuestro maravilloso México, merecen un mejor futuro.
México merece niños felices no gente resentida, ni gobernantes que impongan su ideología a toda costa.
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