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Halloween mexicano

Por Ricardo Torres

Hace 3 años

Para los mexicanos, por desgracia, no fue difícil encontrar en esta semana de espantos, monstruos y fantasmas, motivos suficientes para aterrarnos, esto porque desde el tercer mes de este año, nuestro país se encuentra sumido en una espiral violenta que parece no terminar. De hecho, octubre cerró como el mes más violento del año, al acumular un total de 2 mil 481 víctimas de homicidio doloso en el país, superando a mayo que estaba en primer lugar.

Así pues, en promedio en México se registraron 80 asesinatos diarios en este mes de octubre, según el reporte preliminar del conteo diario de delitos de alto impacto. Comparado con septiembre, el mes pasado se incrementaron en 6.5% las víctimas de homicidio doloso, lo que nos llevó ineludiblemente a recibir las festividades por el Día de los Muertos con la cifra de asesinatos más altamente terrorífica en lo que va del 2022.

A pesar de lo anterior, probablemente habrá quien considere que los señalamientos de los párrafos anteriores son exagerados, incluso, como es costumbre de muchos, hasta dirán que esta columna es parte del compló imaginario contra el Presidente y su Administración. Sin embargo, como prueba indubitable del terror que cada vez más vivimos los mexicanos, están los avistamientos de animales callejeros paseando con restos humanos en dos de los estados de nuestro país.

Hasta antes de estos sucesos, era difícil imaginar escenas más terroríficas que las que atestiguamos todos los días en México, ya que a decir verdad, aunque no queramos verlo, desde hace tiempo no hemos tenido una semana completa sin que no circulen en redes sociales videos, fotografías de personas muertas, colgadas, cuerpos despedazados o enfrentamientos con armas de fuego en plazas y centros comerciales en diversas ciudades.

Pero ningunas, como las escenas escalofriantes circuladas recientemente en las que una jauría de perros se encontró devorando el dorso de una persona en calles de Celaya, Guanajuato; o la del perro callejero cargando una cabeza humana que había sido tirada como parte de los actos de terror en Zacatecas; y la última, nuevamente en Guanajuato, en Irapuato, donde gracias a que se reportó a un perro con un brazo en el hocico, lograron encontrar ocho fosas clandestinas con 41 bolsas de restos humanos.

Todos los anteriores hechos, son sin duda el resultado de prácticas deliberadas de grupos delincuenciales, permitidas por las autoridades por temor o por pactos evidentes, en todos los niveles de Gobierno, para amenazar y amedrentar a adversarios y mantener aterrada a la población; lo que sin duda logran, ya que provocan el horror al escenificar con estas acciones lo macabro en su máxima expresión. Estamos ante una realidad sangrienta, cruel y de maldad inédita.

Lo que pasa en las calles de nuestro país supera con mucho los extremos más inimaginados del mal esencial o extremo. Si para usted estas tres escenas no son extremadamente descriptivas del fracaso en materia de seguridad de este sexenio, le invito a dejar a un lado su fervor por el Presidente y su insensibilidad y ponerse en los zapatos de los familiares de estas personas denigradas hasta su muerte. Es decir, ¿será necesario vivir una desgracia de este tipo en carne propia o en un familiar cercano para que dejemos de pensar que lo que ahora sucede en México no es una realidad espantosa?

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