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¿Hasta cuándo?

Por Juan Latapí

Hace 3 años

Cada día que pasa crece la desesperación de miles de trabajadores y empleados de AHMSA ante la incertidumbre de no recibir su salario para poder vivir dignamente, ni poder pagar las deudas, y frente al criminal silencio de los dueños y el desinterés de las autoridades. Son miles que se encuentran entre la espada y la pared, por una lado la necesidad de buscar otro trabajo para poder subsistir y por otro lado el dilema de perder la antigüedad al abandonar su trabajo en AHMSA.

Esta crisis, que ya golpea a la mayoría de la población, crece a diario y hace recordar lo acontecido en otras ciudades cuya economía dependía de la industria siderúrgica y que al enfrentar dificultades económicas tuvieron que reducir drásticamente su actividad industrial -o de plano cerrar- como sucedió en ciudades tales como Pittsburgh, en EUA; Hamilton, en Canadá, y en Sheffield, Inglaterra. Así como a Monclova se le conoce como la “Capital del Acero”, a esas tres ciudades se les conocía también como la “Ciudad del Acero”.

La crisis siderúrgica en Pittsburgh tuvo un impacto significativo en aquella ciudad conocida durante mucho tiempo como la “Ciudad del Acero” debido a su floreciente industria siderúrgica que fue uno de los principales motores económicos de la región durante gran parte del siglo XX.

Sin embargo, a partir de la década de 1970, la industria siderúrgica estadounidense comenzó a enfrentar una serie de desafíos económicos y estructurales además de enfrentarse a problemas relacionados con la obsolescencia de sus instalaciones, la falta de inversión en tecnología y la rigidez laboral.

Estos factores llevaron a una serie de cierres de plantas siderúrgicas en Pittsburgh y a una disminución drástica del empleo. Miles de trabajadores siderúrgicos perdieron sus empleos, lo que tuvo un impacto devastador en la economía local y en la comunidad en general. Muchas empresas auxiliares y proveedores que dependían de la industria siderúrgica también se vieron afectados. Además, el colapso de la industria tuvo un severo impacto social ya que muchas familias sufrieron dificultades económicas, desempleo prolongado y una disminución general en la calidad de vida.

A raíz de la crisis siderúrgica que afectó a Pittsburgh, la ciudad implementó una serie de acciones para recuperarse y revitalizar su economía, entre las que destacaron la diversificación económica para reducir su dependencia de la industria siderúrgica. Se fomentó el desarrollo de sectores emergentes como la tecnología, la atención médica, la educación y la investigación. La ciudad aprovechó el talento local para atraer inversiones en estos sectores y promover el crecimiento económico.

Así mismo se fomentó la colaboración entre industria, universidades y gobierno para impulsar la innovación y el desarrollo empresarial. Las universidades locales desempeñaron un papel clave en la creación de asociaciones con empresas y en la transferencia de conocimientos y tecnología.

También se llevaron a cabo esfuerzos de regeneración urbana para revitalizar áreas afectadas por el cierre de las plantas siderúrgicas. Antiguos sitios industriales fueron reacondicionados para mejorar la imagen de la ciudad, atraer inversión y promover el turismo.

De igual manera invirtió en mejorar la infraestructura y el transporte, se construyeron nuevas carreteras, puentes y sistemas de transporte público para mejorar la conectividad y facilitar el movimiento de personas y mercancías. Esto ayudó a estimular el crecimiento económico y a atraer nuevas inversiones.

Pittsburgh se enfocó en mejorar la calidad de vida de sus habitantes, se invirtió en parques, áreas verdes y proyectos de revitalización comunitaria. Se promovió también una cultura vibrante y se fomentó la participación ciudadana en la toma de decisiones para construir una ciudad más atractiva y habitable.

Estas acciones combinadas contribuyeron a la recuperación de Pittsburgh después de la crisis siderúrgica. La ciudad se reinventó convirtiéndose en un centro de innovación y desarrollo en sectores no relacionados con la industria siderúrgica.

Hoy en día es una ciudad resiliente y exitosa en su transformación post-industrial, es reconocida por su desarrollo en áreas como la robótica, la inteligencia artificial y la energía renovable. Aunque la industria siderúrgica sigue siendo parte de su historia, Pittsburgh ha logrado diversificar su economía y adaptarse a los cambios en el panorama económico global.

Mientras tanto, aquí en Monclova, se desconoce qué pasará con AHMSA, por lo que cabe preguntar por qué esperarse a que en Monclova reviente la crisis y por qué no empezar a trabajar desde ahora para reinventarse. Son incuestionables la calidad de la mano de obra y la capacidad creativa e innovadora de aquí, sin embargo estamos entrampados en un mundo en que las autoridades no ven más allá de las grillas electorales y partidistas, que solo piensan en su futuro político y que no pasan de tapar baches, pintar banquetas o proteger perritos; la planeación urbana brilla por su ausencia y las carreteras -como la de Monterrey- son malas y peligrosas. Por su parte las universidades están en manos de políticos o comerciantes y los servicios médicos son fatales. Y mientras tanto, nosotros la gente, la raza, estamos más preocupados en descalificarnos unos contra otros que en vez de buscar coincidencias y jalar parejo. Por eso, ante todo esto la pregunta es ¿Hasta cuándo?

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