A todos la vida nos ha enseñado la aplicación del tema: hasta dónde.
La excepción han sido los tiranos socialistas, (la mayoría, no todos).
Ferdinando Marcos, dictador en Filipinas, cuya esposa: Imelda, era escandalosamente ostentosa, hizo lo que quiso hasta que ejecutó a su principal opositor, en corto plazo, fue derrocado y cayó en desgracia.
Nicolai Ceacescu, tirano de Rumania, tuvo una vida igual, pero, con la caída del muro de Berlín, fue derrocado y ejecutado por su pueblo.
Anastasio Somoza, tirano nicaragüense, ejecutó a un periodista opositor de apellido Chamorro, en la época en que el presidente gringo, Jimmy Carter, hacía más por el socialismo que los rusos, fue derrocado y posteriormente, ejecutado.
Eso por si AMLO acaricia la puntada de hacer a un lado, a la ingeniero Xóchitl Gálvez.
El poder absoluto en un país jodido no existe, es lo que deben tener presente los presidentes latinos.
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