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Por
Edson Rojas
Publicado el martes, 17 de enero del 2012 a las 16:05
Monclova, Coah.- El ring y las gradas de acero fueron reducidas a chatarra, las paredes derrumbadas y los gritos de la eufórica afición hace años que dejaron de En pleno Centro de la ciudad, sobre la calle Carranza frente a la Central de Autobuses, la Arena Olímpica abrió sus puertas el 2 de agosto de 1968 y con el tiempo se consolidó gracias a su cartelera siempre plagada de grandes ídolos del deporte de las “llaves y los candados”, bajo la promoción de don Mario Ayala.
Haciéndole honor a una estrofa de una vieja y popular canción interpretada por el Conjunto África, la Olímpica lucía “de bote en bote y la gente loca de la emoción” domingo a domingo, hasta principios de la década de los noventas cuando se apagaron las luces que iluminaban el cuadrilátero y concluyó una etapa de esplendor de la lucha libre monclovense.
“Mi mayor satisfacción es que, hasta la fecha, ningún promotor de Monclova ha podido igualar los programas que traje. Por el gusto por la lucha libre y el deseo de ganar dinero me arriesgué, pedí un préstamo al banco, me traje un ring y unas gradas de la antigua Arena México de la colonia Primero de Mayo, para montar mi empresa.
Inicié en el ‘68 y la última función fue en el 91”, comenta este regiomontano avecindado en Monclova desde los 5 años de edad.
Pocos saben de la incursión de Mario Ayala en el ciclismo, el atletismo y el softbol, y que en su juventud probó suerte como boxeador, aunque su paso por el deporte de fistiana fue fugaz y sólo le sirvió para acercarse a la que sería su gran pasión, la lucha libre.
Luego de prepararse bajo la tutela de Pepe “La Carioca” Rodríguez logró el debut como gladiador y por años figuró en las carteleras, donde se le anunciaba con su nombre de pila y por una breve época como El Jaguar; sin embargo, Ayala Garza tenía ambiciones más altas y dada su baja estatura vio difícil la posibilidad sobresalir y llegar a la capital del país, pues en aquella época los promotores pedían al gladiador una estatura de por lo menos 1.75 ó 1.80 metros para subir a las estelares.
“Luego de 25 años de andar luchando me sentía satisfecho con mi carrera y quería perseguir otras aspiraciones dentro de lo mismo. Había aprendido un poco de los promotores con los que trabajé y con recursos propios abrí la Arena México en la Mayo, por ahí de 1962. Me iba bien, posteriormente me apoyé en un préstamo que pedí en el banco para trasladarme a la Carranza donde duré más de 30 años”, recuerda.
Sobre el tapiz de la Arena Olímpica Monclova desfilaron verdaderas leyendas de la lucha libre como Blue Demon, Black Shadow, Huracán Ramírez, El Hijo del Santo, Tinieblas, el Perro Aguayo; las figuras de la época como los Hermanos Dinamita, Fabuloso Blondie, Sangre Chicana, Rayo de Jalisco, Pirata Morgan, El Dandy, Lizmark, Salomón Groundy y muchos más.
También en este mismo escenario comenzaron a forjar sus carreras grandes luchadores monclovenses que años después conquistaron al respetable de México y el mundo como Remo Banda, Jerry Estrada, Herodes, Guerrero Negro I, El Azteca y Rudy Mendoza.
“Como promotor me mantuve tanto tiempo porque sabía lo que al aficionado le gustaba, y tenía que hacer muy bien los “numeritos” para traer a luchadores famosos pero que no me salieran muy caros. La arena estuvo llena por muchos años y de ahí tuve un respaldo para seguir trabajando. No paraba, hacía funciones todo el año, aun si llovía y nevaba, y siempre con lo mejor de la baraja”, añade Mario Ayala.
RING DE TRIUNFOS Y DERROTAS
El éxito como promotor de Mario Ayala no solamente se vio reflejado en su bolsillo, sino también en la relación de amistad que tejió con figuras del ambiente luchístico, con personas reconocidas de vida política y social de Monclova y en reconocimiento que le brindaban propios y extraños del medio.
“Siempre le di el mejor trato a los luchadores y hasta llegué a hacerme amigo de muchos de ellos. Con Lizmark había una gran admiración y amistad, él venía con mucho gusto a Monclova y a veces me decía: “aunque no me pagues, sólo llévame a cenar al asadero de Juan Hermilo, y yo voy con gusto. También con el Huracán Ramírez, quien me invitó a su casa y a la fiesta de cumpleaños de una hija”, agrega don Mario durante la entrevista en su casa de la calle Altos Ibarra.
Abundaban las luchas de apuesta de campeonatos, máscaras y cabellera que desencadenaban la emoción y euforia del respetable, pero también hubo veladas marcadas por la tragedia.
“Recuerdo la noche de la muerte de El Ejecutor, en plena lucha lo vi que se puso mal y después lo bajamos del ring; lo senté en las gradas pero al ver que no reaccionaba lo llevamos a la Cruz Roja donde murió”, explica Ayala Garza, quien es plomero de oficio.
“Al parecer fue un golpe en la cabeza, pero él ya padecía del corazón y la Comisión le había dicho que no podía luchar, pero esto nunca me lo informaron a mí. Otro capítulo negro fue cuando se desencadenó una trifulca luego de que un aficionado agredió a Sangre Chicana, éste se defendió y noqueó al otro.. ahí comenzó un pleito y Chicana pasó la noche en la cárcel”.
EL OCASO DE LA ‘CATEDRAL’
1991 marcó el ocaso de la Arena Olímpica Monclova, luego de que el promotor sufrió un accidente automovilístico durante un viaje a la ciudad de Monterrey, donde pretendía cerrar la contratación del estadounidense Fabuloso Blondie.
“Duré un año muy duro en el hospital, me operaron de la quijada, brazos, piernas, pero Dios fue muy grande conmigo porque me dejó vivir. En la atención médica y la rehabilitación se fue mucho dinero, además perdí mucha vitalidad después del accidente y ya no pude continuar con la Arena”, afirma Mario Ayala sobre el cierre de su empresa.
ANHELA RETOMAR SU PAPEL
Luego de varios años de permanecer alejado del su papel como promotor, Mario Ayala asegura que en el futuro tiene contemplado retomar esa labor con algunas funciones para satisfacer esa pasión que siente por el rudo deporte.
“Lo he comentado con mi familia y me gustaría traer una función o dos por año, un programa grande y que valga la pena, que le guste a la gente, pero es algo que aún está en planes. Yo veo que hoy se ha perdido el respeto en este deporte, antes el aficionado no se metía con el luchador ni éste lo hacía con el aficionado, y me gustaría rescatar esa parte”, expresa con una mirada nostálgica hacia los carteles que atesora en su casa, como valioso recuerdo del pasado.
escucharse; de la Arena Olímpica Monclova no queda más que unas cuantas fotografías e inumerables recuerdos en la memoria de cientos de monclovenses amantes del pancracio.
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